Nex Prensa Escrita
Pais:   Chile
Fecha:   2019-10-06
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   A6
Sección:   Internacional
Centimetraje:   30x28

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    UNA MUJER usa su teléfono frente a la propaganda del aniversario número 70 de la República Popular de China, celebrado el martes pasado.

    LA ESTACIÓN de trenes de Hangzhou desarrolla robots con 5G.

    LOS USUARIOS de WeChat tienen un código QR para múltiples usos.
    Desde la 'navaja suiza' WeChat hasta Alipay:
    Plataformas digitales chinas innovan en ventajas para usuarios, pero con opaco uso de sus datos
    El Mercurio
    BEIJING–HANGZHOU | Las aplicaciones en el gigante asiático permiten integrar funciones separadas en las occidentales, e incluso pagar solo con la cara. Sin embargo, la ley obliga a empresas tecnológicas a compartir información con el gobierno.
    Para comprar, muchos chinos ya no usan una tarjeta de crédito. Les basta con un código QR y en algunos casos, incluso con el rostro. No solo en grandes tiendas, sino que también en mercados populares donde turistas se sorprenden al ver ranas vivas o alacranes vendidos como alimentos. Los ciudadanos de la segunda economía del mundo tampoco requieren un sinnúmero de aplicaciones en su smartphone como los usuarios de Occidente, y solo precisan tener la multiuso We- Chat.

    Sin embargo, un comentario desafiante al régimen puede costar la suspensión de una cuenta en una red social; mientras que los datos personales están a merced del aparato público. Así funciona, en general, el ecosistema que ha nacido detrás de la Gran Muralla de internet, instalada por el gobierno para bloquear aplicaciones occidentales como las vinculadas a Google y Facebook.

    Sin embargo, no parece que demasiados chinos las echen mucho de menos. Empresas privadas han desarrollado sus propias aplicaciones, que en un inicio parecían una copia de las occidentales, pero que hoy comienzan a presentar funciones únicas, a la par del desarrollo de la inteligencia artificial y la tecnología 5G, en un país que tiene más de 800 millones de usuarios de internet (57,7% de la población). En la constelación de plataformas chinas destacan Baidu, un buscador como Google; Youku, reproductor de videos como YouTube; y Weibo, como Twitter.

    Otras ya contribuyen al poder blando de Beijing en el mundo, como el holding Alibaba, con su sitio y aplicación de ventas AliExpress; o Didi, el Uber chino que ya entró en Santiago; y TikTok, similar a Instagram y usado por los niños en Chile. Pero sin duda la más popular para los chinos es la 'navaja suiza' WeChat, lanzada en 2011 por la empresa Tencent y que hoy tiene unos 1.130 millones de usuarios. Esta red social cuya función más básica combina el estilo de WhatsApp y Facebook, es hoy fundamental en las relaciones interpersonales. Una de las primeras cosas que hacen los chinos al conocer a alguien es pedirle escanear su código QR de WeChat —cada usuario tiene uno— para quedar en contacto.

    Y su novedad respecto de cualquier red social occidental radica en que puede integrar cientos de otras funciones, como traducir textos, ordenar comida, buscar citas románticas, escuchar música y abrir un mapa. Además, WeChat funciona como un método de pago muy extendido en toda China gracias al código QR. Aunque en ello compite con Alipay, diseñada por Alibaba.

    'Solo necesitamos instalar una aplicación Alipay para hacer muchas cosas como tomar el bus y el metro, o recibir tratamiento médico. Para los consumidores se trata de un servicio muy fácil', explicó el portavoz del departamento internacional de Alibaba, Le Shen, en un reciente encuentro con medios iberoamericanos, entre ellos 'El Mercurio'.

    Esa compañía ha dado un paso más allá, al desarrollar el pago con el rostro. El reconocimiento facial, una tecnología en la que SenseTime es la empresa líder, tiene además otros usos considerados beneficiosos en China, como una red de 170 millones de cámaras destinadas a la seguridad; o el desarrollo de cascos que ayudan a los ciegos. En otro ejemplo, la moderna estación de trenes de Hangzhou, cerca de Shanghái, desarrolla robots que operan como guardias y otros que siguen a una persona cargando su equipaje.

    Control estatal

    Pero estos avances parecen tener un costo. Mientras en Occidente escándalos como el de Cambridge Analytica han despertado un debate sobre el uso de la información que se puede recoger de las redes sociales y otras tecnologías, en China se da por hecho que los datos que circulan están a la disposición del régimen comunista. Eso ha sido criticado por ONGs como Human Rights Watch, que advierte que herramientas como el reconocimiento facial pueden usarse para controlar a disidentes.

    Desde el punto de vista de la censura, las aplicaciones chinas desarrollan mecanismos para impedir la difusión de mensajes que 'injurien' al régimen. Weibo, previo a los recientes festejos por los 70 años de la República Popular, comunicó a principios de septiembre que bloqueó 1.475 cuentas y 14.299 mensajes contrarios a la revolución.

    En WeChat, el pasado 4 de junio, cuando se cumplieron 30 años de las protestas de la plaza de Tiananmén de 1989, se prohibieron las transferencias de 89,64 o 64,89 yuanes, utilizadas por usuarios para recordar el evento.

    Campañas similares se han llevado a cabo no solo contra la difusión de mensajes de disidencia política. La agencia estatal Xinhua destaca que en 2017 se detuvo a más de 30 sospechosos de proporcionar enlaces de videos pornográficos. Respecto de los datos personales, la relación entre las empresas privadas y el gobierno es estrecha.

    'China ha establecido leyes y regulaciones que requieren que las plataformas de redes sociales compartan la información personal por razones de seguridad', explica a este diario Lu Chuanying, experto en ciberseguridad del Shanghai Institutes for International Studies, quien expone que el país trabaja en una ley de protección de datos. Las redes sociales también comparten datos con medios oficialistas como Xinhua o el Diario del Pueblo, que con esa información ajustan sus contenidos.

    De todas formas, a diferencia de las ONG extranjeras, los usuarios chinos no se muestran preocupados de su privacidad. Su internet les ha permitido formar comunidad en tiempos en que el gobierno fomenta una fuerte identidad nacional, sobre todo frente a los conflictos geopolíticos con Estados Unidos.

    'Probablemente las redes sociales chinas empoderan a la gente a dar a la cultura china más perspectiva', comentó a 'El Mercurio' Fu Xiaoguang, profesor de la Universidad de Comunicación de China, que también afirma que las aplicaciones locales han producido un cambio respecto de la 'vieja tradición en que la gente china es muy tímida'. Ahora —añade el experto— 'más y más gente espera presentarse ante una gran audiencia'.
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    ALBERTO MILLÁN-