Nex Prensa Escrita
Pais:   Chile
Fecha:   2019-05-10
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   28
Sección:   EMPLEO Y EDUCACIÓN
Centimetraje:   29x23

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'Se pueden personalizar contenidos para niños con diferentes velocidades de aprendizaje', dice Virginia Días, creadora de Sima.
El pequeño humanoide mezcla interacción con los alumnos y aprendizaje
Llegó Sima, el robot educativo que sorprende a los niños cuando los llama por su nombre
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Consta de un esqueleto al que se le adosa un celular, que pasa a convertirse en el cerebro para que el robot se mueva y responda preguntas.
-¿Cuál es el colmo de un robot? -Tener nervios de acero. Antes de que el lector reclame, hay que aclarar que el chiste está dirigido a los niños y quien lo cuenta es, paradójicamente, un robot de apenas 25 centímetros de alto, que además de dárselas de humorista puede saludar, bailar, levantar un pie, mostrar gestos de diferentes emociones y hacer preguntas.

Su nombre es Sima y nació de una idea conjunta de Felipe Araya, ingeniero mecánico chileno-venezolano, y su pareja, la educadora Virginia Días. Juntos desarrollaron un robot educativo para su hijo, al no encontrar en el mercado un modelo que llenara sus expectativas de combinar la interacción social y el aprendizaje. Posee la capacidad de comprensión de lenguaje y la capacidad de ver, potenciado con inteligencia artificial, para que pueda reconocer contextualmente lo que le están diciendo los usuarios -esto lo apalancamos en tecnología de IBM- y utiliza estas características para reaccionar de forma empática con las personas, explica Araya. Lo que partió como un emprendimiento, con el correr del tiempo obtuvo apoyo de Corfo, el Instituto 3ie de la USM, Open Beauchef de la Universidad de Chile y Sercotec. Este jueves, tras años de trabajo y pruebas, se realizó el lanzamiento formal de Sima.

Cómo funciona 


El cuerpo del robot está conformado por 23 piezas que son confeccionadas en una impresora 3D, con PLA, un material biodegradable. Sobre este esqueleto se puede instalar cualquier teléfono con sistema Android, que pasará a convertirse en el cerebro -y también el rostro- de Sima. Se puede programa en la plataforma Sima Code. Se vincula automáticamente por Bluetooth, y cuando está vinculado ya no es celular y cuerpo robótico, ahora es un solo ente que interactúa.

El niño lo único que tiene que hacer es darle la señal para que el robot empiece a escuchar y el niño habla, sostiene Felipe Araya. Tiene ocho servomotores que permiten el movimiento independiente de sus extremidades, lo que le da la característica de robot como tal. La conexión educativa se complementa con una plataforma de internet (Sima Knowledge), donde los usuarios pueden cargar todo lo que quieren que el robot sepa.


La idea es que esta operación la realicen los padres, o también los profesores, que pueden usar a Sima en sus clases, cargando los contenidos de sus respectivos ramos. Nosotros recomendamos que lo usen tres niños por robot, añade Araya. A los colegios les venden una licencia que cuesta $520.000 mensual, con diez robots -para trabajar con 30 niños- con teléfonos incluidos y acceso a la plataforma, para que el colegio pueda generar sus propios contenidos. En forma individual cuesta $209.000 con teléfono incluido. Más información en su página (https:// bit.ly/2V7Vb8o).

Experiencia en colegio 


El androide está recomendado para niños hasta tercero básico y ya hay cuatro colegios que están trabajando con él. Uno de ellos es el Andrés Bello, de Chiguayante, donde lo probaron en kínder. Lo que más les llamó la atención a los niños fue que personalizamos las clases, el robot llamaba o le hablaba a cada estudiante por su nombre, recuerda Claudio Garrido, coordinador de informática del establecimiento.

Este mes tienen planificado que Sima realice un dictado en un tercero básico. La idea es que el robot llame a cada alumno y le asigne una palabra que el escolar deberá escribir en la pizarra. Estamos recién empezando, pero el potencial que tiene es muy amplio. Le pedimos ideas a los propios alumnos, porque ellos son lo que más saben de tecnología, explica Garrido, quien califica como muy positiva la experiencia para estimular el aprendizaje.

Recuadro
$209.000 ES EL VALOR de un robot, con teléfono incluido. Para colegios ofrecen paquetes con 30 humanoides.
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ÓSCAR VALENZUELA-