Nex Prensa Escrita
Pais:   Chile
Fecha:   2019-04-29
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   B12
Sección:   Ediciones Especiales - CENTRALES Y UNIDADES DE RESPALDO ENERGÉTICO - OPINIÓN
Centimetraje:   21x27
  • Respaldo, diversidad e incertidumbre
    El Mercurio
    Esta es probablemente la principal dificultad que enfrenta la transición energética hacia un futuro con fuentes 100% renovables y limpias. Para describirla resulta apropiado recurrir a una frase frecuentemente atribuida a Albert Einstein: 'es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio'. En el caso de la transición energética, el prejuicio se origina en que desde la aparición —a fines del siglo XIX y hasta fines del siglo XX— de la energía eléctrica como energía útil para mover máquinas, producir calor o iluminar, la estructura y tecnologías básicas presentes en los sistemas eléctricos tuvo pocas variaciones.

    Por supuesto en ese sector hubo un gigantesco avance tecnológico. Los nuevos materiales permitieron manejar cientos de miles de voltios y gigantescos bloques de energía, los sistemas de transmisión se hicieron muy seguros, con protecciones y sistemas de supervisión basados en computadores, la eficiencia en la conversión de energía para generación eléctrica alcanzó valores inimaginados, se incorporaron nuevos combustibles como el uranio o el gas natural, entre otros.

    Sin embargo, durante todo ese período los modelos de regulación, diseño, análisis y planificación mantuvieron ciertos conceptos básicos que no requirieron mayores ajustes, pero que, entrados ya en plena transición energética, toman la forma de esos prejuicios a los que se refería el autor de la frase citada al comienzo. Estos conceptos fueron muy útiles para construir los grandes y confiables sistemas eléctricos que se encuentran actualmente instalados en el mundo, pero es necesario revisar si son adecuados y suficientes para la transición energética en curso. Un ejemplo de estos conceptos es la separación de los sistemas eléctricos en segmentos de distribución, transmisión y generación. En el caso de Chile esta segmentación se usa desde la década de 1920 en la regulación del sector eléctrico.

    En la innovación, que ha venido de la mano de la transición energética, han aparecido los sistemas de almacenamiento de energía eléctrica, que absorben energía y pueden reinyectarla a la red cuando sea necesario, por razones económicas o de seguridad. Una de las justificaciones para instalar un sistema de almacenamiento es que, en ciertos casos, puede retrasar significativamente la necesidad de expandir líneas de transmisión, ya sea que por la escasez de terrenos o por oposición al proyecto, la instalación de una nueva línea resultara inviable. En este caso, la instalación de un sistema de almacenamiento al lado de la demanda permitiría que este se cargara en las horas de menor consumo, para luego entregar su energía en las horas peak, sumando ese suministro a la limitada capacidad de la línea de transmisión.

    Lo anterior ha llevado a que se plantee la pregunta de si un sistema de almacenamiento es parte del segmento de generación —inyecta energía a la red (aunque no genera)— o pertenece al de transmisión, ya que la razón para instalarlo es la optimización de costos de inversión de la transmisión. Esta discusión ya se ha planteado en Chile e incluso fue abordada en una discrepancia ya resuelta por el Panel de Expertos. Otro ejemplo lo constituyen las características operacionales de las tecnologías renovables no convencionales (ERNC). Los generadores solares y eólicos generan solamente una parte del día y la previsión de su aporte en el corto plazo únicamente puede ser estimada de manera aproximada. Estas centrales pueden combinarse con sistemas de almacenamiento, lo que agrega una demanda adicional a ciertas horas, cuando se cargan, y esta energía puede inyectarse a la red a otra hora en que sea necesaria. O también el concepto de hora punta. ¿Son las horas punta aquellas en que el sistema tiene su demanda máxima?

    ¿O debieran ser aquellas en que la generación solar y eólica son mínimas y, por lo tanto, la generación hidroeléctrica convencional y la termoeléctrica deben hacer su máximo aporte? De manera bastante simple se ha tratado de mantener los mismos conceptos que están siendo desafiados, declarando que las energías ERNC variables le imponen al sistema eléctrico la necesidad de funcionar como respaldo. Pienso que esa afirmación es profundamente errónea y limitada. Mi opinión, respaldada por la simple observación de lo que ocurre en Chile, y comparándolo con los países que ya recorren decididamente su transición energética, es que los nuevos sistemas eléctricos, que aspiran a beneficiarse de los bajos precios y las nulas emisiones de las ERNC, serán exitosos en tanto sean capaces de aprovechar eficientemente la diversidad de las fuentes de generación y de los sistemas de almacenamiento, y que a la vez desarrollen herramientas sólidas para el manejo de las incertidumbres asociadas a las nuevas fuentes energéticas, aprovechando la complementación que puede advertirse en ellas.

    Son entonces las respuestas a estas tres palabras —diversidad, incertidumbre y complementación— las que apoyarán una transición energética pronta, segura y eficiente, que permita alcanzar la meta de un sistema eléctrico sin emisiones de CO2 y contaminantes locales, como fue señalado por el Presidente Piñera en el lanzamiento de la COP25. Chile cuenta con profesionales de primer nivel y con gran cantidad de las mejores energías limpias del mundo, por lo que estamos seguros de que aprovechando la diversidad de ERNC de Chile y gestionando adecuadamente las incertidumbres mediante la complementación entre ellas, la meta presidencial no solo es alcanzable, sino que es la mejor alternativa para nuestro país.
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    Carlos Carlos Finat, Director ejecutivo Acera AG.-