Nex Prensa Escrita
Pais:   Chile
Fecha:   2020-05-08
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   A4
Sección:   Internacional - La Pandemia del Coronavirus
Centimetraje:   32x27

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NIGERIA ES UNO DE LOS PAÍSES con mayor riesgo de hambrunas. En la foto, ayuda alimentaria para los afectados por la pandemia.

ARTESANOS de Oaxaca, México, protestan para demandar ayuda del gobierno ante la pérdida de sus empleos.
La situación ya es grave en países como Venezuela y Haití:
La pandemia del coronavirus reflota los temores por la hambruna a nivel global
El Mercurio
Según la ONU, este año el número de personas que sufren hambre extrema podría pasar de 135 millones a 265 millones en todo el mundo.
Era visto como un problema relativamente controlado, pero la pandemia del covid-19 y las restricciones que han golpeado los bolsillos de millones de ciudadanos lo han traído de vuelta. La hambruna, alertan Naciones Unidas y distintos especialistas, podría ser la próxima gran tragedia de la humanidad, en momentos en que el mundo se encamina a una recesión global y a duplicar la cantidad de personas sufriendo de hambre extrema. La última de varias advertencias de la ONU llegó ayer, cuando la organización triplicó la petición de fondos para ayudar a países vulnerables, que había hecho en marzo, solicitando un total de 6.700 millones de dólares.

El jefe humanitario de Naciones Unidas, Mark Lowcock, afirmó que la iniciativa busca evitar, entre otras cosas, el amenazante 'espectro de múltiples hambrunas', un concepto que define la escasez de alimentos en grandes áreas geográficas y que evoca como recuerdos recientes la situación que vivieron en los años 90 países como Ruanda, Somalia o Bosnia tras la guerra civil de la ex-Yugoslavia. Una alerta similar hizo el miércoles pasado Caritas Internationalis, de la Iglesia Católica, que en un comunicado aseguró que muchos países en África, Medio Oriente, América Latina y Asia, 'ya están al borde de una grave crisis alimentaria que está llevando a un aumento importante en la desnutrición infantil y del número de adultos que padecen hambre'.

Eso llamados de atención se suman a uno más contundente que hizo el Programa Mundial de Alimentos (PMA) el 21 de abril. Esa entidad de la ONU advirtió que debido a la pandemia y a la paralización de las economías la cantidad de personas que sufren hambre extrema en el planeta podría casi duplicarse y pasar de 135 millones de individuos estimados en 2019, a 265 millones en este año, si es que no se adoptan medidas adecuadas.

Esas cifras dan cuenta de quienes se encontrarían en lo que el lenguaje técnico denomina 'inseguridad alimentaria severa', que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define como la situación de las personas que estuvieron todo un día sin comer en varias ocasiones durante un año. 'Todavía no hay hambrunas, pero debo advertirles que, si no nos preparamos ahora mismo para asegurar el acceso, evitar la falta de financiación y las interrupciones (de suministros), podríamos enfrentarnos a múltiples hambrunas de proporciones bíblicas en unos pocos meses', afirmó el director ejecutivo del PMA, David Beasley, al presentar ese reporte al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

El funcionario recordó que actualmente unas 820 millones de personas sufren hambre en distintos niveles de gravedad. La alarma asociada al covid-19 está principalmente en 55 países de América Latina, Medio Oriente, Asia y África (con la mitad de los casos de hambre extrema), que por ahora concentran el problema del hambre. Y sobre todo, en los Estados que fueron escenario de las peores crisis en esa área el año pasado, según la ONU: Yemen, la República Democrática del Congo, Afganistán, Venezuela, Etiopía, Sudán del Sur, Siria, Sudán, Nigeria y Haití, que juntos concentran el 66% de las personas que sufren hambre extrema en el mundo.

Varios de esos países, como Siria y Yemen, viven conflictos internos, pero con actores externos involucrados. En el caso más cercano, en Venezuela, un país sufre una profunda crisis política y económica, agudizada por una hiperinflación, se registraron 9,3 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda. La situación en esa nación solo parece agravarse en medio de la pandemia del coronavirus: la nación está en una cuarentena total desde mediados de marzo, las cifras de contagios del régimen de Nicolás Maduro son cuestionadas por distintos actores y, para peor, la caída de los precios del petróleo ha golpeado recientemente a su principal fuente de exportaciones.

Cadena de suministros

Aunque por ahora el problema del hambre está focalizado en algunas zonas del planeta, la pandemia y sus consecuencias económicas amenazan con expandirlo ampliamente. Uno de los factores clave es la informalidad laboral, que según un informe publicado ayer por la Organización Mundial del Trabajo (OIT) afecta a 2.000 millones de trabajadores en el mundo, hoy enfrentados a un dilema de solo caminos negativos: salir a trabajar con el riesgo de contagiarse de coronavirus o morirse de hambre.

En América Latina, por ejemplo, los trabajadores informales son alrededor del 53%, de los cuales el 90% corre riesgos de pobreza, de acuerdo con el reporte, un problema que actualmente afecta al 36% del total. Pero la pandemia es un riesgo para la seguridad alimentaria no solo porque golpea los ingresos, sino también las cadenas de suministro. El mismo reporte señala que la pandemia ha inmovilizado a gran parte de los más de 500 millones de agricultores que abastecen los mercados urbanos en el mundo.

'El progreso que hemos logrado internacionalmente sobre el hambre en el mundo se debe en gran parte a un mejor acceso a una mejor salud, comenzando con cosas como infraestructura: agua, alcantarillado, electricidad y acceso real a la atención médica y la nutrición, que en parte se deben a las ganancias económicas. La pandemia tiene el potencial de interrumpir estas ganancias de manera sustancial', comenta a este diario Kathleen Gorman, directora del Centro Feinstein para una América Sin Hambre, alojado en la Universidad de Rhode Island. La pandemia, además, llega a agravar la situación del hambre en momentos en que otros factores, como la crisis climática o los flujos migratorios, ya lo hacían.

En la región, la sequía ha dejado a 3,2 millones de personas pasando hambre en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras, y en medio de una ola migratoria, 1,2 millones de los cerca de 5 millones de venezolanos que han salido de su país por las complicaciones económicas, ya pasan hambre en Colombia y Ecuador, según el PMA. La crisis del coronavirus también ha logrado que las alarmas sobre el hambre no solo se enciendan en los países más pobres, según comenta a 'El Mercurio' Graham Riches, académico de la Universidad de Columbia Britanica en Canadá, que ha sido consultor para la FAO.

'La alerta a nivel mundial como resultado de covid-19 es razonable no solo debido al estado actual del hambre en el Sur Global, como señala la ONU, sino también porque en el rico mundo de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) millones han sido despedidos de empleos remunerados y ahora recurren a organizaciones benéficas de alimentos y bancos de alimentos para tener comida en la mesa (…). Si la inseguridad alimentaria a pesar de la disponibilidad de alimentos baratos es un problema importante en el Norte Global, es lógico que lo sea en el Sur Global, que por supuesto está alimentando al mundo rico', afirma.

'Lamentablemente, el covid- 19 ha sido la llamada de atención que destaca los problemas profundamente arraigados previamente existentes del hambre y la inseguridad alimentaria en el Sur y el Norte, al tiempo que aumenta su prevalencia', añade el especialista.

Para contener esta situación, el PMA ha hecho recomendaciones como ampliar sistemas de protección social y aumentar el apoyo a la elaboración de alimentos y a su transporte. En tanto, distintos gobiernos intentan compatibilizar la reactivación de sus economías con las restricciones, ahora con un nuevo temor.
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ALBERTO MILLÁN-