Nex Prensa Escrita
Pais:   Chile
Fecha:   2020-06-12
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   12
Sección:   Tendencias - Opinión
Centimetraje:   18x10
Salud mental: subestimar no es cuidar
El Sur Concepción
A tres meses del primer caso de contagio de coronavirus en el país, las medidas de protección social han transformado nuestras vidas cotidianas y los más perjudicados son los niños. En condiciones de cuarentena, el encierro en casa restringe sus movimientos, sus posibilidades de juegos y el aumento de la violencia intrafamiliar recae directamente en ellos, quienes no pueden defenderse ni tomar distancia.

Si bien, como medida de protección, el gobierno en diálogo con la mesa social covid, creó el plan "Saludable-Mente" que incluye en sus medirlas: fortalecer la red de apoyos telefónicos, instaurar operativos en los CESFAM y una plataforma web para acceder a psicólogos y psiquiatras; la atención de los niños por teléfono o video-llamada es de impacto parcial. A través de estas alternativas en confinamiento, es necesario adecuarlas para escuchar a los niños en sus miedos y angustias. No basta sólo con el apoyo psicológico a quienes los cuidan.

Los niños perciben lo que está sucediendo con el coronavirus y sus efectos. A los adultos, muchas veces, nos es difícil hablarles de la contingencia nacional: de la enfermedad, la cesantía y la muerte. Sin embargo, no subestimemos a nuestros niños y detengámonos a escucharlos, miremos sus dibujos, sus juegos y sus manifestaciones corporales. Ofrezcamos un espacio para que expresen sus preguntas, sus inquietudes y sus temores. Con palabras simples y adecuadas a su edad, se puede hablar de lo difícil de estos tiempos. No excluyamos a nuestros niños para protegerlos, pues minimizar una crisis evidente solo puede aumentar la fantasía de catástrofe y fin del mundo.

El desafío en prevención de salud mental para los niños será, entonces, abrir conversaciones que les permitan hablar de lo que ven y lo que sienten frente a la realidad. Situación que nos permita un intercambio de palabras cariñosas y sinceras sobre lo que está sucediendo, de manera que los niños no tengan dudas de que los adultos los consideramos, los escuchamos y, así los cuidarnos.
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Franco Ramírez Fundación Santa Ana--