Pais:   Chile
Región:   Metropolitana de Santiago
Fecha:   2025-10-29
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   A2
Sección:   Opinión
Centimetraje:   32x11
El Mercurio
Soledad
Señor Director:

No constituye paradoja atestiguar cómo crecen los amigos al tiempo que aumenta la sensación de soledad (Encuesta Bicentenario 2025). En un tiempo donde la confianza se confunde con la transparencia y el sentido de pertenencia social se mide en likes, no debiera sorprendernos que los lazos que se cultivan carezcan de raíces, aunque en apariencia emerja la ilusión de que se cuenta con muchas 'amistades'.

La dimensión digital sobre la que se estructuran muchas de las relaciones contemporáneas acarrea desafíos no menores: resguardar esferas de intimidad que escapen a la lógica de la exhibición se ha vuelto poco menos que un acto de resistencia, y la 'conexión' que dispensan las redes suele traer aparejada falta de presencialidad y escasa comunicación cara a cara. En el fondo subyace una carencia: la del rostro del otro que comparece y en el que se refleja la existencia compartida, pues a través de él es que nos reconocemos en tanto seres humanos.

Aunque el fenómeno se expresa con mayor severidad en jóvenes de entre 18 y 24 años, la epidemia de la soledad no es exclusiva de dicho grupo, pues afecta al 40% de los encuestados en todos los rangos etarios.

Constatado este alcance, la soledad pasaría a encumbrarse como rasgo de nuestro tiempo, en tanto que se ha convertido en una experiencia cotidiana para el individuo atomizado. No se trata de que antes el hombre no la hubiese experimentado. Simplemente su presencia se ensancha y echa raíces entre medio de la muchedumbre solitaria.

En última instancia, el peligro que acarrea esta soledad es que se pierda la capacidad de que podamos situarnos en una posición que vaya más allá del yo, y de que no seamos capaces de salir de nosotros mismos al momento de abordar la contingencia humana. En otras palabras, es el peligro de perder el mundo común que estamos llamados a habitar a través de la acción y la palabra. Y ambas requieren que vayamos al encuentro del rostro ausente que nos embarga.
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Pedro Villarino Fresno Faro UDD-