Señor director:
Recientemente se celebró Miércoles de Ceniza. Para millones de cristianos marca el comienzo de la Cuaresma, un tiempo de conversión y examen personal. También es una invitación a mirar nuestras empresas con mayor profundidad y preguntarnos qué lugar le damos a la persona en su integridad.
Hace algunos años me llamó la atención ver, en pleno corazón de Wall Street, a hombres y mujeres entrando a sus oficinas con la cruz de ceniza en la frente. En medio del vértigo financiero y la lógica de un barrio donde aparentemente no hay tiempo para nada más, ese sencillo signo recordaba que la dimensión espiritual no desaparece al cruzar la puerta del trabajo.
Pocas veces nos preguntamos si nuestras organizaciones están dando espacio para que los trabajadores desarrollen esa dimensión, que transforma la forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Todos necesitamos encontrarle sentido a la vida, detenernos y pensar para qué hacemos lo que hacemos. Para muchos, la fe es parte esencial de esa respuesta.
Si queremos empresas más humanas y sociedades más cohesionadas, no podemos reducir la experiencia laboral solo a resultados y cifras. Debemos promover entornos donde quienes quieran, puedan vivir su fe, especialmente en tiempos significativos como Viernes Santo o Navidad.
Enrique Cruz Ugarte, presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC)
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Nex Prensa Escrita
Trabajo y dimensión espiritual
El Diario de Atacama
Señor director:
Recientemente se celebró Miércoles de Ceniza. Para millones de cristianos marca el comienzo de la Cuaresma, un tiempo de conversión y examen personal. También es una invitación a mirar nuestras empresas con mayor profundidad y preguntarnos qué lugar le damos a la persona en su integridad.
Hace algunos años me llamó la atención ver, en pleno corazón de Wall Street, a hombres y mujeres entrando a sus oficinas con la cruz de ceniza en la frente. En medio del vértigo financiero y la lógica de un barrio donde aparentemente no hay tiempo para nada más, ese sencillo signo recordaba que la dimensión espiritual no desaparece al cruzar la puerta del trabajo.
Pocas veces nos preguntamos si nuestras organizaciones están dando espacio para que los trabajadores desarrollen esa dimensión, que transforma la forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Todos necesitamos encontrarle sentido a la vida, detenernos y pensar para qué hacemos lo que hacemos. Para muchos, la fe es parte esencial de esa respuesta.
Si queremos empresas más humanas y sociedades más cohesionadas, no podemos reducir la experiencia laboral solo a resultados y cifras. Debemos promover entornos donde quienes quieran, puedan vivir su fe, especialmente en tiempos significativos como Viernes Santo o Navidad.
Enrique Cruz Ugarte, presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC)