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Pais: Chile
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Región: Metropolitana de Santiago
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Fecha: 2026-05-19
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Tipo: Prensa Escrita
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Página(s): 14-15
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Sección:
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Centimetraje: 31x25
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Lucy Ana Avilés:
'En Chile todavía hay dificultad para trabajar con otros. Hay un tema de egos'
'El asunto del maltrato infantil no debería ser político. Debemos unirnos para que los niños puedan crecer en un ambiente sano, seguro y desarrollar todo su potencial', dice la psicóloga y filantropa chilena, que desde EE.UU. planifica un modelo de centro integral para tratar a niños víctimas de abuso.
'Tanto mi marido como yo, pese a que estábamos en lugares tan distintos, tan opuestos, crecimos en familias muy abocadas al tema social. A poder observar lo que sucede alrededor de uno. Siempre tuve esta mentalidad inquieta de ver cómo funcionan las cosas y cómo podrían mejorar', relata Lucy Ana Avilés, desde su casa en Denver, Colorado.
La psicóloga y filántropa chilena fundó en 2014, junto a su marido Benjamin Walton —nieto de Sam Walton, el fundador de Walmart—, la Fundación Viento Sur, desde donde lidera iniciativas vinculadas a la protección de la infancia y el desarrollo territorial. Es uno de los pilares de Zomalab, la oficina familiar de inversión e impacto desde donde trabajan entre EE.UU. y Chile.
Juntos comenzaron con la reconstrucción de una escuela en loca tras el tsunami de 2010. Años después se instalaron en el escenario público cuando contrataron el Supertanker para combatir los incendios forestales de 2017.
—La violencia escolar en Chile alcanzó en 2025 su nivel más alto de la última década con 22.680 denuncias. ¿Cómo ves la escalada de esta realidad en Chile?
—Y siguen apareciendo cifras desalentadoras. La Defensoría de la Niñez alertó de un aumento del 137% en ingresos hospitalarios por lesiones autoinfligidas y un alza de 46,4% en víctimas de violencia sexual. Y hay 41 mil niños en listas de espera para poder recibir algún tipo de atención en temas de salud mental. Tenemos una deuda hace décadas con los niños y jóvenes de nuestro país. Como fundación queremos ver de qué manera podemos aportar para reducir las cifras. Niños abusados, explotados, niños que sufren de maltrato, de soledad, víctimas de bullying. Tenemos que tomarnos en serio estas cifras y ver qué hacer.
—El caso de una inspectora asesinada en un liceo de Calama fue un punto de quiebre.
—Marcó un antes y un después. Es preocupante por varias razones. En EE.UU. cuando hay una balacera dentro de un colegio, provoca inmediatamente un efecto imitación, que es súper difícil de manejar. Necesitamos sanciones drásticas y duras para que quede claro que esto no puede volver a ocurrir.
—¿Sanciones a los alumnos y apoderados? El ministro de Justicia presentó una iniciativa de responsabilidad parental, para que los padres paguen por los actos violentos de los menores.
—De todas maneras. Ellos tienen que tener una responsabilidad, padres y cuidadores. Y tienen que estar bien claras las consecuencias para los jóvenes. Acá no se trata de buscar culpas, pero tiene que provocar un cuestionamiento. Los que estamos encargados de poner los límites, de demostrarles hasta dónde pueden llegar somos nosotros. A los niños tenemos que orientarlos y a los padres entregarles herramientas.
'El maltrato y abuso es transversal'
Lucy Ana trabajó ocho años en el Denver Children's Advocacy Center, en prevención y tratamiento del abuso, negligencia y maltrato infantil. 'Me tocaba trabajar con comunidades hispanas, atendiendo niños que habían sufrido algún tipo de abuso. También mucho con las famillas. Durísimo. El maltrato y abuso es transversal a los distintos sectores económicos. Simplemente, hay espacios en los que se silencian más que en otros', señala.
—Viviana Núñez, directora de un colegio en Puente Alto, decía que si llegamos a un detector de metales 'es porque fracasamos en la prevención'. ¿Estás de acuerdo?
—Absolutamente. La prevención es clave y supuestamente es el éxito que nos va a permitir realmente reducir estas cifras. Pero como ya estamos tarde, tenemos que ver cómo poner un freno. Es urgente aplicar programas de habilidades parentales y capacitación para profesores y padres que nos ayuden a detectar en qué están nuestros niños.
—¿Incluidos detectores de metales y la revisión de mochilas?
—No podemos ver una muerte más en el entorno escolar. Necesitamos nuevas medidas sin darles más responsabilidades a los profesores o directores, porque eso también los va a exponer a ellos. Quizás debería entrar un tercero a hacerse cargo. Hay que revisar bien cómo lo hacen en otros países.
—¿Cómo lo abordan ustedes?
—La campaña de abril fue 'Estar presente, marca su futuro'. Y lo que nos dice es que tus hijos no te contarán lo que les sucede si sienten que tú no los escuchas. Nuestras campañas siempre hacen un llamado a reflexionar. ¿Qué pasa cuando un niño siente que no es escuchado? Seguramente se va a retrotraer. Y si siente que no es importante, va a ver cómo llamar la atención o va a buscar afuera a alguien que lo tome en cuenta. Hay resultados muy dolorosos y dramáticos, incluso fatales. No se trata de estar todo el día con los niños, pero sí ser capaces de pausar y de tener esa conexión con ellos.
'Hay varios que siguen peleando por figurar'
En octubre de 2025, Lucy Ana presentó a decanos y profesores de Psicología y Derecho de seis universidades un proyecto de un centro integral para niños víctimas de maltrato o abuso sexual. Propuso un piloto de tres arios con métricas de impacto, no solo en la salud del niño, sino también en la reducción de los tiempos de espera de atención, que hoy demoran entre uno y tres arios.
'Esa idea del centro nace justamente de este centro en Denver: un único lugar donde el niño puede acceder a todos los servicios que requiere: la entrevista videograbada, la atención psicológica y/o psiquiátrica, y también la presencia de policías e investigadores', explica.
—¿Y podría funcionar así en Chile?
—Así es como funciona allá y cómo me encantaría que funcionara acá. En Denver hay además pericias forenses sexológicas, durante las primeras 72 horas, que requieren pediatras expertos. Como fundación ya tenemos un convenio con el programa Levantares de UC Christus —que realiza pericias forenses—, donde los niños pueden ser derivados. Lo que nos importa es que a lo largo de Chile, las víctimas de abuso puedan ir al lugar más cercano posible. Porque lo que conlleva recorrer, a veces largas distancias, con ese trauma en el cuerpo es muy fuerte.
—¿Cómo fue la recepción entre los decanos y profesionales de las universidades?
—Hay harto entusiasmo. Es importante que la academia y el mundo privado participen y que el Gobierno también sea parte. Nosotros estamos dispuestos a crear un proyecto piloto y ver si es replicable a lo largo de Chile. Para eso necesitamos sumar a varios. Estamos por ley de lobby solicitando reuniones. Algunos ministerios están actuando por separado y nuestra tarea es ir uniendo las piezas.
—Y en salud mental perinatal (que abarca hasta los 12 meses posteriores al parto) ¿cuál es el trabajo que están haciendo?
—Ha sido difícil avanzar en Chile en ese tema, no así en Denver. La idea es entregar atención psicológica desde la concepción en adelante, para acompañar a la madre en el embarazo y, al mismo tiempo, cuidar al niño que está por nacer. Hay un estigma porque mucha gente sigue viendo el tema de salud mental como una debilidad. Y además, hay mucho desconocimiento sobre los tratamientos. A mí misma me tocó vivirlo con mis dos hijas: había contradicciones entre lo que nos decía la parte médica en EE.UU. y lo que nos decían en Chile. Hay que facilitarle la vida a los padres.
—Tú tuviste principios de pérdida con tu primer embarazo. ¿Ahí comenzó todo?
—Sí, tuve principio de pérdida el tercer mes, recién llegada a Denver y sin conocer nada. Y el trato en la sala de urgencias fue bastante brutal, poco humano. Lo que menos desearía para una mujer en estado de vulnerabilidad es que la traten como me trataron a mí. Viví el embarazo con una angustia espantosa. Si los médicos no son capaces de apoyarte en un momento tan frágil de tu vida, es difícil saber en qué manos queda uno. Benjamín paralizó todo y se quedó ahí apoyándome, cuidándome. Viví el resto del embarazo con mucho pánico.
—¿Y ahí encontraste a los profesionales que te apoyaron, el vínculo que hoy quieres replicar para otras mujeres?
—Sí. Por los medios que tenemos, pudimos empujar para que obstetricia y ginecología conversaran con salud mental. A veces nos olvidamos que somos cuerpo, mente y espíritu, y que tenemos que tratarnos de manera integral. Logramos armar un equipo y conseguimos que el hospital de la Universidad de Colorado tenga un departamento de salud mental perinatal: las mamás pasan por un screening, y si hay alguna señal de alerta, son derivadas y acompañadas. Lo interesante es que, una vez que ese hospital empezó a ofrecer esos servicios, el resto tuvo que entrar a competir y ofrecer algo similar.
—¿Y por qué no lo han desarrollado en Chile?
—Lo hemos intentado, pero hemos visto que en Chile todavía hay dificultad para trabajar con otros, para sentarse a la mesa y colaborar. Hay un tema de egos y a nosotros no nos sirve el ego. Hay varios que siguen peleando por figurar o que no quieren trabajar con otros.
—Tampoco debería cruzarse con la política, pero resulta inevitable.
—El asunto del maltrato infantil no debería ser político. Debemos unirnos para que los niños puedan crecer en un ambiente sano, seguro y desarrollar todo su potencial. Eso no debería dividir a nadie. Estamos tan acostumbrados a generar polémica que es desgastante. Pero seguimos con nuestros sueños. Sí requiere voluntades del Gobierno, claro, pero no es un tema de derecha ni de izquierda.
—A propósito, eres parte del directorio de Ideas Republicanas y donaste a la campaña de José Antonio Kast. ¿Cómo has visto la instalación del Gobierno?
—Estoy tremendamente agradecida porque en abril logramos un hito: iluminar La Moneda de azul con el remolino, símbolo de la prevención del maltrato infantil. Volví de Chile con el corazón lleno. Tuvimos una reunión con la primera dama, donde le presentamos la propuesta del centro, entre otras cosas. Ella junto al Presidente Kast y la ministra de Desarrollo Social, María Jesús Wulf, bajaron con nosotros al jardín, donde plantamos 4.000 remolinos. El Presidente hizo un tremendo reconocimiento al trabajo que se está haciendo con los niños. Por primera vez, después de años, lo conseguimos. Y bueno, entrar a un Gobierno no es fácil para nadie. Hay desajustes, comunicaciones que no siempre son las más acertadas. Pero como los conozco a ellos, no tengo duda de que tienen las mejores intenciones. Y aquí es donde uno espera que seamos capaces de bajar los egos y las agendas personales, y entre todos levantar el país.
'Apostamos a soluciones grandes. Intentarlo al menos'
Lucy Ana conoció a Ben en Valle Nevado y el flechazo fue inmediato. 'En mi caso fue el segundo día. En el de él, dice que fue el primero', dice sonriendo porque él anda dando vueltas en la casa cerca de ella.
Sus hijas adolescentes, Zoe y Maya son parte de esta sociedad (Zomalab viene de los nombres de la familia de cuatro). 'Ojalá que trabajemos juntas el día de mañana. Ellas han crecido viendo lo que hemos hecho', acota.
La fundación también trabaja en el desarrollo de comunidades y apoya proyectos como el de la hacienda Pucheguín, en Cochamó, un megaproyecto de conservación en el que las ONG compraron una hacienda de 133 mil hectáreas en US$63 millones.
—¿Y el trabajo se lo llevan a la casa?
—Sí. Con Ben trabajamos 24/7. Somos una organización donante, pero no es que damos el cheque y listo. Nos comprometemos, queremos ver resultados, ver qué tan eficientes son los programas, si hay que hacer ajustes. Si todavía no hay una solución, vamos a buscarla en otro país, la traemos, la implementamos. O hacemos un piloto. Estamos abiertos a todo.
—¿Cómo deciden dónde ponen las fichas, dado que las necesidades son tantas?
—Buscamos proyectos que sean replicables, escalables y sustentables. Si vamos a hacer un piloto, queremos que no funcione solo en Santiago, sino a lo largo de todo Chile. Queremos impactar con los programas que apoyamos. Apostamos a soluciones grandes. Intentarlo al menos.
—Por último: Valeria Alverola, exCEO de Zomalab, ahora encabeza el family office del padre de Jeff Bezos. ¿Qué rol jugaron ustedes en ese salto?
—Suena raro que lo diga yo, pero el trabajo que hizo en Zomalab fue bastante sobresaliente. Sin duda su profesionalismo atrajo la atención de la familia Bezos. ¡Y es chilena, además! Eso es un orgullo.
Recuadro
'No podemos ver una muerte más en el entorno escolar. Necesitamos nuevas medidas sin darles más responsabilidades a los profesores o directores, porque eso también los va a exponer a ellos'.
'Lo que menos desearía para una mujer en estado de vulnerabilidad es que la traten como me trataron a mí. Viví el embarazo con una angustia espantosa'.
Nex Prensa Escrita
Lucy Ana Avilés:
'En Chile todavía hay dificultad para trabajar con otros. Hay un tema de egos'
'El asunto del maltrato infantil no debería ser político. Debemos unirnos para que los niños puedan crecer en un ambiente sano, seguro y desarrollar todo su potencial', dice la psicóloga y filantropa chilena, que desde EE.UU. planifica un modelo de centro integral para tratar a niños víctimas de abuso.
'Tanto mi marido como yo, pese a que estábamos en lugares tan distintos, tan opuestos, crecimos en familias muy abocadas al tema social. A poder observar lo que sucede alrededor de uno. Siempre tuve esta mentalidad inquieta de ver cómo funcionan las cosas y cómo podrían mejorar', relata Lucy Ana Avilés, desde su casa en Denver, Colorado.
La psicóloga y filántropa chilena fundó en 2014, junto a su marido Benjamin Walton —nieto de Sam Walton, el fundador de Walmart—, la Fundación Viento Sur, desde donde lidera iniciativas vinculadas a la protección de la infancia y el desarrollo territorial. Es uno de los pilares de Zomalab, la oficina familiar de inversión e impacto desde donde trabajan entre EE.UU. y Chile.
Juntos comenzaron con la reconstrucción de una escuela en loca tras el tsunami de 2010. Años después se instalaron en el escenario público cuando contrataron el Supertanker para combatir los incendios forestales de 2017.
—La violencia escolar en Chile alcanzó en 2025 su nivel más alto de la última década con 22.680 denuncias. ¿Cómo ves la escalada de esta realidad en Chile?
—Y siguen apareciendo cifras desalentadoras. La Defensoría de la Niñez alertó de un aumento del 137% en ingresos hospitalarios por lesiones autoinfligidas y un alza de 46,4% en víctimas de violencia sexual. Y hay 41 mil niños en listas de espera para poder recibir algún tipo de atención en temas de salud mental. Tenemos una deuda hace décadas con los niños y jóvenes de nuestro país. Como fundación queremos ver de qué manera podemos aportar para reducir las cifras. Niños abusados, explotados, niños que sufren de maltrato, de soledad, víctimas de bullying. Tenemos que tomarnos en serio estas cifras y ver qué hacer.
—El caso de una inspectora asesinada en un liceo de Calama fue un punto de quiebre.
—Marcó un antes y un después. Es preocupante por varias razones. En EE.UU. cuando hay una balacera dentro de un colegio, provoca inmediatamente un efecto imitación, que es súper difícil de manejar. Necesitamos sanciones drásticas y duras para que quede claro que esto no puede volver a ocurrir.
—¿Sanciones a los alumnos y apoderados? El ministro de Justicia presentó una iniciativa de responsabilidad parental, para que los padres paguen por los actos violentos de los menores.
—De todas maneras. Ellos tienen que tener una responsabilidad, padres y cuidadores. Y tienen que estar bien claras las consecuencias para los jóvenes. Acá no se trata de buscar culpas, pero tiene que provocar un cuestionamiento. Los que estamos encargados de poner los límites, de demostrarles hasta dónde pueden llegar somos nosotros. A los niños tenemos que orientarlos y a los padres entregarles herramientas.
'El maltrato y abuso es transversal'
Lucy Ana trabajó ocho años en el Denver Children's Advocacy Center, en prevención y tratamiento del abuso, negligencia y maltrato infantil. 'Me tocaba trabajar con comunidades hispanas, atendiendo niños que habían sufrido algún tipo de abuso. También mucho con las famillas. Durísimo. El maltrato y abuso es transversal a los distintos sectores económicos. Simplemente, hay espacios en los que se silencian más que en otros', señala.
—Viviana Núñez, directora de un colegio en Puente Alto, decía que si llegamos a un detector de metales 'es porque fracasamos en la prevención'. ¿Estás de acuerdo?
—Absolutamente. La prevención es clave y supuestamente es el éxito que nos va a permitir realmente reducir estas cifras. Pero como ya estamos tarde, tenemos que ver cómo poner un freno. Es urgente aplicar programas de habilidades parentales y capacitación para profesores y padres que nos ayuden a detectar en qué están nuestros niños.
—¿Incluidos detectores de metales y la revisión de mochilas?
—No podemos ver una muerte más en el entorno escolar. Necesitamos nuevas medidas sin darles más responsabilidades a los profesores o directores, porque eso también los va a exponer a ellos. Quizás debería entrar un tercero a hacerse cargo. Hay que revisar bien cómo lo hacen en otros países.
—¿Cómo lo abordan ustedes?
—La campaña de abril fue 'Estar presente, marca su futuro'. Y lo que nos dice es que tus hijos no te contarán lo que les sucede si sienten que tú no los escuchas. Nuestras campañas siempre hacen un llamado a reflexionar. ¿Qué pasa cuando un niño siente que no es escuchado? Seguramente se va a retrotraer. Y si siente que no es importante, va a ver cómo llamar la atención o va a buscar afuera a alguien que lo tome en cuenta. Hay resultados muy dolorosos y dramáticos, incluso fatales. No se trata de estar todo el día con los niños, pero sí ser capaces de pausar y de tener esa conexión con ellos.
'Hay varios que siguen peleando por figurar'
En octubre de 2025, Lucy Ana presentó a decanos y profesores de Psicología y Derecho de seis universidades un proyecto de un centro integral para niños víctimas de maltrato o abuso sexual. Propuso un piloto de tres arios con métricas de impacto, no solo en la salud del niño, sino también en la reducción de los tiempos de espera de atención, que hoy demoran entre uno y tres arios.
'Esa idea del centro nace justamente de este centro en Denver: un único lugar donde el niño puede acceder a todos los servicios que requiere: la entrevista videograbada, la atención psicológica y/o psiquiátrica, y también la presencia de policías e investigadores', explica.
—¿Y podría funcionar así en Chile?
—Así es como funciona allá y cómo me encantaría que funcionara acá. En Denver hay además pericias forenses sexológicas, durante las primeras 72 horas, que requieren pediatras expertos. Como fundación ya tenemos un convenio con el programa Levantares de UC Christus —que realiza pericias forenses—, donde los niños pueden ser derivados. Lo que nos importa es que a lo largo de Chile, las víctimas de abuso puedan ir al lugar más cercano posible. Porque lo que conlleva recorrer, a veces largas distancias, con ese trauma en el cuerpo es muy fuerte.
—¿Cómo fue la recepción entre los decanos y profesionales de las universidades?
—Hay harto entusiasmo. Es importante que la academia y el mundo privado participen y que el Gobierno también sea parte. Nosotros estamos dispuestos a crear un proyecto piloto y ver si es replicable a lo largo de Chile. Para eso necesitamos sumar a varios. Estamos por ley de lobby solicitando reuniones. Algunos ministerios están actuando por separado y nuestra tarea es ir uniendo las piezas.
—Y en salud mental perinatal (que abarca hasta los 12 meses posteriores al parto) ¿cuál es el trabajo que están haciendo?
—Ha sido difícil avanzar en Chile en ese tema, no así en Denver. La idea es entregar atención psicológica desde la concepción en adelante, para acompañar a la madre en el embarazo y, al mismo tiempo, cuidar al niño que está por nacer. Hay un estigma porque mucha gente sigue viendo el tema de salud mental como una debilidad. Y además, hay mucho desconocimiento sobre los tratamientos. A mí misma me tocó vivirlo con mis dos hijas: había contradicciones entre lo que nos decía la parte médica en EE.UU. y lo que nos decían en Chile. Hay que facilitarle la vida a los padres.
—Tú tuviste principios de pérdida con tu primer embarazo. ¿Ahí comenzó todo?
—Sí, tuve principio de pérdida el tercer mes, recién llegada a Denver y sin conocer nada. Y el trato en la sala de urgencias fue bastante brutal, poco humano. Lo que menos desearía para una mujer en estado de vulnerabilidad es que la traten como me trataron a mí. Viví el embarazo con una angustia espantosa. Si los médicos no son capaces de apoyarte en un momento tan frágil de tu vida, es difícil saber en qué manos queda uno. Benjamín paralizó todo y se quedó ahí apoyándome, cuidándome. Viví el resto del embarazo con mucho pánico.
—¿Y ahí encontraste a los profesionales que te apoyaron, el vínculo que hoy quieres replicar para otras mujeres?
—Sí. Por los medios que tenemos, pudimos empujar para que obstetricia y ginecología conversaran con salud mental. A veces nos olvidamos que somos cuerpo, mente y espíritu, y que tenemos que tratarnos de manera integral. Logramos armar un equipo y conseguimos que el hospital de la Universidad de Colorado tenga un departamento de salud mental perinatal: las mamás pasan por un screening, y si hay alguna señal de alerta, son derivadas y acompañadas. Lo interesante es que, una vez que ese hospital empezó a ofrecer esos servicios, el resto tuvo que entrar a competir y ofrecer algo similar.
—¿Y por qué no lo han desarrollado en Chile?
—Lo hemos intentado, pero hemos visto que en Chile todavía hay dificultad para trabajar con otros, para sentarse a la mesa y colaborar. Hay un tema de egos y a nosotros no nos sirve el ego. Hay varios que siguen peleando por figurar o que no quieren trabajar con otros.
—Tampoco debería cruzarse con la política, pero resulta inevitable.
—El asunto del maltrato infantil no debería ser político. Debemos unirnos para que los niños puedan crecer en un ambiente sano, seguro y desarrollar todo su potencial. Eso no debería dividir a nadie. Estamos tan acostumbrados a generar polémica que es desgastante. Pero seguimos con nuestros sueños. Sí requiere voluntades del Gobierno, claro, pero no es un tema de derecha ni de izquierda.
—A propósito, eres parte del directorio de Ideas Republicanas y donaste a la campaña de José Antonio Kast. ¿Cómo has visto la instalación del Gobierno?
—Estoy tremendamente agradecida porque en abril logramos un hito: iluminar La Moneda de azul con el remolino, símbolo de la prevención del maltrato infantil. Volví de Chile con el corazón lleno. Tuvimos una reunión con la primera dama, donde le presentamos la propuesta del centro, entre otras cosas. Ella junto al Presidente Kast y la ministra de Desarrollo Social, María Jesús Wulf, bajaron con nosotros al jardín, donde plantamos 4.000 remolinos. El Presidente hizo un tremendo reconocimiento al trabajo que se está haciendo con los niños. Por primera vez, después de años, lo conseguimos. Y bueno, entrar a un Gobierno no es fácil para nadie. Hay desajustes, comunicaciones que no siempre son las más acertadas. Pero como los conozco a ellos, no tengo duda de que tienen las mejores intenciones. Y aquí es donde uno espera que seamos capaces de bajar los egos y las agendas personales, y entre todos levantar el país.
'Apostamos a soluciones grandes. Intentarlo al menos'
Lucy Ana conoció a Ben en Valle Nevado y el flechazo fue inmediato. 'En mi caso fue el segundo día. En el de él, dice que fue el primero', dice sonriendo porque él anda dando vueltas en la casa cerca de ella.
Sus hijas adolescentes, Zoe y Maya son parte de esta sociedad (Zomalab viene de los nombres de la familia de cuatro). 'Ojalá que trabajemos juntas el día de mañana. Ellas han crecido viendo lo que hemos hecho', acota.
La fundación también trabaja en el desarrollo de comunidades y apoya proyectos como el de la hacienda Pucheguín, en Cochamó, un megaproyecto de conservación en el que las ONG compraron una hacienda de 133 mil hectáreas en US$63 millones.
—¿Y el trabajo se lo llevan a la casa?
—Sí. Con Ben trabajamos 24/7. Somos una organización donante, pero no es que damos el cheque y listo. Nos comprometemos, queremos ver resultados, ver qué tan eficientes son los programas, si hay que hacer ajustes. Si todavía no hay una solución, vamos a buscarla en otro país, la traemos, la implementamos. O hacemos un piloto. Estamos abiertos a todo.
—¿Cómo deciden dónde ponen las fichas, dado que las necesidades son tantas?
—Buscamos proyectos que sean replicables, escalables y sustentables. Si vamos a hacer un piloto, queremos que no funcione solo en Santiago, sino a lo largo de todo Chile. Queremos impactar con los programas que apoyamos. Apostamos a soluciones grandes. Intentarlo al menos.
—Por último: Valeria Alverola, exCEO de Zomalab, ahora encabeza el family office del padre de Jeff Bezos. ¿Qué rol jugaron ustedes en ese salto?
—Suena raro que lo diga yo, pero el trabajo que hizo en Zomalab fue bastante sobresaliente. Sin duda su profesionalismo atrajo la atención de la familia Bezos. ¡Y es chilena, además! Eso es un orgullo.
'No podemos ver una muerte más en el entorno escolar. Necesitamos nuevas medidas sin darles más responsabilidades a los profesores o directores, porque eso también los va a exponer a ellos'.
'Lo que menos desearía para una mujer en estado de vulnerabilidad es que la traten como me trataron a mí. Viví el embarazo con una angustia espantosa'.
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Pais: Chile
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Región: Metropolitana de Santiago
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Tipo: Prensa Escrita
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