Pais:   Chile
Región:   Valparaíso
Fecha:   2019-06-23
Tipo:   Suplemento
Página(s):   16
Sección:   Suplemento - Trayectoria
Centimetraje:   33x23
El Mercurio _Valparaíso - Domingo De Reportajes
Hellmuth Sievers, oceanógrafo y Profesor Emérito de la UV:
Un pionero en la ruta del estudio del mar
Es el primer chileno que alertó a Hawái del tsunami que les esperaba el 22 de mayo de 1960. Demoró 2 horas 53 minutos en lograrlo.
En su extensa carrera colmada de logros, el viñamarino Hellmuth Sievers Czischke (86, viudo de Emy Zimmerling Móller, padre de cuatro hijos, 11 nietos y seis bisnietos que pronto aumentarán a ocho) ha tenido el raro privilegio de ser muchas veces pionero.

Es el primer oceanógrafo profesional de Chile. En la década de los 60 estudió un máster en la disciplina en la Universidad de California, Estados Unidos, de modo que a su regreso estaba preparado para convertirse en el iniciador de la enseñanza de la especialidad en el país y asumió como profesor jefe del Curso Especial de Oceanografía instaurado por la Dirección de Instrucción de la Armada, luego impartido por el Instituto Hidrográfico y después, convenio mediante, por la Universidad Católica de Valparaíso.

Fue el primer chileno de la historia en avisara Hawái que les esperaba un gran tsunami apenas terminó de temblar en esta zona el fatídico 22 de mayo de 1960, el día del terremoto de Valdivia, cuando poco se sabía sobre los devastadores sismos tsunamigénicos.

Al ser distinguido como Profesor Emérito de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Naturalesde la Universidad de Valparaíso -cuyo Instituto de Oceanología dirigió entre1989 y1996-, el doctor Roberto Prado destacó: "Su contribución más importante a la sociedad chilena es la incorporación de nuestro país, en 1958, al sistema de alarma de tsunamis establecido en las islas Hawái. Así, Chile pasó a ser el primer país extranjero miembro de ese sistema".

BOTELLAS MÁUSER, BATTTERNOGRAFOS Y TOMAFONDOS

Con antepasados de origen alemán y polaco -su bisabuelo materno fue capitán de un velero que hacía la ruta del salitre entre Hamburgo e Iquique, pasando por el temido Cabo de Hornos y por Valparaíso-, el académico resumió los hitos de la disciplina en el libro "La Oceanografía en Chile. Historia de un desarrollo imperativo", publicado por el Comité Oceanográfico Nacional y el SHOA.

Los comienzos de la especialidad fueron duros. Partió como fruto del compromiso adquirido por Chile, a través de la Armada, de participar en esos estudios durante el Año Geofísico Internacional (1957-1958). "Anteriormente se habían efectuado investigaciones biológico-marinas lideradas por la Universidad de Chile al crearse, en 1941, la Estación de Biología Marina en la caleta Montemar", señala y recuerda que se contaba con muy pocos medios para investigar.

"Para los primeros cruceros, Agrimar (1959) y MarChile I (1960), se recolectó el escaso instrumental disponible en Chile y se contó con la cooperación de un proyecto de Asistencia Técnica de Alemania Federal y de la Marina de Estados Unidos. Esencialmente se contaba con botellas Nansen (para recolectar muestras de agua a fin de conocer contenido de oxígeno disuelto y salinidad) equipadas con termómetros especiales para registrar las temperaturas del agua a diversas profundidades, batitermógrafos (medían temperatura versus profundidad hasta 750 metros), redes para pesca de plancton y tomafondos para obtener muestras de los sedimentos marinos y su fauna", recuerda.

B. AVISO DE TSUNAMI A HAWÁI EN 1960

El domingo 22 de mayo de 1960 don Hellmuth sintió en su casa de Viña del Mar el fuerte remezón del terremoto de Valdivia, el mayor sismo registrado en la historia. Inmediatamente trató de obtener alguna información, "pero las radios sólo indicaban que debía haber ocurrido en el sur ya que las comunicaciones estaban cortadas"

Al fin logróescuchar el reporte de un radioaficionado que daba cuenta de la magnitud de la catástrofe y de las gigantescas olas, y se apresuró a comunicar lo que ocurría a Hawái, donde estaba la central de alarma.

Las comunicaciones no eran instantáneas. "Había que enviar un mensaje por teléfono a All America Cables en Valparaíso, ésta lo transmitía a Balboa y desde allí al Servicio de Comunicaciones de la Marina de Estados Unidos a Honolulu. "El mensaje de alarma fue recibido dos horas 53 minutos después de ocurrido el terremoto. Las medidas tomadas fueron oportunas y se salvaron muchas vidas en las islas y otros lugares", rememora.

BUQUE QUE NO FUE 20 AÑOS DE ATRASO

Pero hasta hoy lamenta el naufragio de una estratégica iniciativa. "La Armada tenía, a fines de 1969, un proyecto totalmente listo para la construcción de un buque oceanográfico en Alemania, aprobado por la Corto. Pero en enero de 1970 fue rechazado por el Ministerio de Hacienda, perdiéndose así la posibilidad de haber contado con un buque especialmente construido y equipado para la investigación en ciencias marinas a principios de dicha década", relata con desencanto retroactivo. Dice que las investigaciones se siguieron realizando con el buque oceanográfico AGS "Yelcho", a pesar de sus limitaciones para esa tarea. "Recién en 1992 Chile contó con su primer buque oceanográfico -bastante antiguo, de segunda mano-, el AGOR "Vídal Gormaz", construido en 1965. ¿Cuánto habríamos avanzado en la investigación de nuestro vasto mar si hubiéramos dispuesto de un buque especializado 20 años antes?", es su pregunta.

LAS CORRIENTES Y LA MEGABACTERIA

De todas las travesías que efectuó en esos años, recuerda especialmente los cruceros MarChile II, en 1962, y Drake, en 1979, por los importantes resultados obtenidos.

El primero, que a él le correspondió dirigir, se desplazó por una vasta superficie entre Arica, Punta Patache, Isla San Félix y Archipiélago Juan Fernández. "En las profundidades, donde prácticamente no hay oxígeno disuelto y una fauna de fondo muy escasa, el biólogo Dr. Víctor Gallardo descubrió la megabacteria Thioploca, la más grande de la naturaleza", relata.
Además, la expedición logró comprobar la existencia "de una corriente submarina (Subsuperficial Perú-Chile) que fluye en dirección sur con características muy especiales que fertilizan nuestro océano, causa primaria de nuestra gran riqueza pesquera; así como la inexistencia de una cordillera submarina norte-sur entre las islas Desventuradas y Juan Fernández".
El segundo crucero, en pleno paso Drake, posibilitó múltiples observaciones en medio de temporales inclementes. "El pobre 'Yelcho' se portó majestuosamente entre las enormes olas y los fuertes vientos". Fue su último crucero oceánico de largo aliento.

Parte de todo esto plasma el oceanógrafo en su libro de impecable factura, cuyo objetivo es revelar la génesis y desarrollo de la investigación marina en Chile, así como "el esfuerzo y entusiasmo de un grupo de personas que contra viento y marea sacó adelante la tarea en un país que, siendo más mar que tierra, sus habitantes no tienen conciencia y me atrevería a decir interés en su océano, a pesar de la letra que cantamos en nuestro himno nacional".

Casi seis décadas han transcurrido desde los primeros pasos de la Oceanografía, donde hoy militan más científicos con mejores medios que antes. Sorprende entonces una anécdota de don Hellmuth, que cuenta que en julio de 1961 un grupo de científicos marinos viajaba en un DC 3 a Arica para participar en la Terceras Jornadas Hidronómicas.

Caústico, el doctor Fernando de Buen comentó a sus colegas: "¿Se han fijado que si este avión sufre un accidente prácticamente no quedarán investigadores en ciencias marinas en Chile?".
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Rosa Zamora Cabrera-