Pais:   Chile
Fecha:   2018-01-07
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   E6-E7
Sección:   ARTES Y LETRAS - Visita papal
Centimetraje:   39x62

Pie de Imagen
Axel Kaiser, director ejecutivo de la Fundación para el Progreso.

EL PAPA Y EL CAPITALISMO. UN DIÁLOGO NECESARIO por Axel Kaiser, Ediciones El Mercurio, 2018, 145 pp. 50.900.

Monseñor Fernando Chomali, arzobispo de Concepción.

FRANCISCO, ECONOMÍA Y SOCIEDAD por Fernando Chomali, Ediciones El Mercurio, 145 pp., S11900.

El Mercurio
A LA VENTA EN GRANDES LIBRERÍAS
Dos libros iluminan el pensamiento del Papa Francisco en economía y sociedad
En el marco de la visita del Papa Francisco a Chile, Ediciones El Mercurio presenta, este miércoles, dos libros con miradas diversas sobre un mismo tema. "Francisco. Economía y sociedad", del arzobispo de Concepción, Fernando Chomali, intenta responder a ciertas interrogantes, tales como: ¿Qué opina el Pontífice sobre el dinero y el orden social imperante? o ¿qué lectura hace del mercado y de la empresa? El autor contesta a través de la propia voz del Santo Padre, con una recopilación de extract
Axel Kaiser:

"El Papa y el capitalismo: un diálogo necesario"

Francisco y el capitalismo, según Charles Dickens

A ratos da la impresión de que Francisco cree en ese pasado romántico en el cual los seres humanos vivían felices en los campos, hasta que la revolución industrial los obligó a abandonar las hermosas y fértiles tierras para someterlos al castigo insalubre de la vida urbana. Este es, por cierto, un mito extendido en círculos socialistas, conservadores e incluso entre el público general. Uno de sus máximos propagadores fue nada menos que el notable novelista inglés Charles Dickens, especialmente a través de su obra Hard Times. En ella, Dickens trata de modo extremadamente negativo la realidad económica y social de la época de la revolución industrial en Inglaterra. Uno podría imaginar al Papa Francisco leyendo a Dickens y compartiendo un diagnóstico muy pesimista de lo que significó la revolución industrial, principalmente para los más pobres.

De hecho, Laudato si, es mucho más una condena del mundo industrializado que una crítica matizada. En Evangelii gaudium, Francisco confirma su condena al sistema económico moderno, de manera aún más categórica.

Del capítulo Laudato si, Capitalismo no.

Refutación de la "cultura del descarte"

El capitalismo, cree Francisco, genera miseria, exclusión y gente desechable. De hecho, en otra oportunidad, el mismo Papa afirmó que "el principal dilema ético de este capitalismo es la creación de descartados, para después tratar de esconderlos". Hemos visto, sin embargo, datos de mortalidad que prueban que gracias a la revolución industrial y al capitalismo vivimos mejor que nunca en la historia y que era antes del capitalismo que la mayoría de la población mundial era realmente desechable. Pero debemos continuar refutando la tesis de Francisco, de que el mercado no beneficia a las mayorías y que quienes así argumentan creen en un "derrame" sin ningún fundamento real. Un estudio del académico de Yale William Nordhaus, publicado por el National Bureau of Economic Research en Estados Unidos, analizó las ganancias de empresas innovadoras -aquellas que excluyen la agricultura- en el período 1948-2001 en ese país. La conclusión es que los innovadores apenas retienen para sí un 2,2 por ciento del total del valor creado socialmente por sus empresas e innovaciones. El resto es riqueza para los demás. Bill Gates, por decirlo de otro modo, ha beneficiado y creado riqueza para la sociedad en cantidades mucho mayores que el beneficio que ha obtenido él. Nadie se ha hecho más pobre por culpa de Gates, pero todos nos hemos hecho más ricos gracias a él, porque sus innovaciones han permitido incrementar la productividad de toda la economía, llevando a mayores ingresos para todos nosotros. He ahí la potencia creadora del capitalismo.

Extracto del capítulo Del capitalismo como abuso, el mito del derrame y la "cultura del descarte".

Errores de Evangelii gaudium

A diferencia de lo que cree Francisco, la economía de mercado no mata, sino que salva. Nos salva de la pobreza, de la desnutrición, del hambre y enfermedades, todo lo cual definía la vida de nuestros antepasados, y de lo que hoy una gran parte de la población mundial se encuentra libre. A pesar de ello, las críticas poco matizadas de Francisco al sistema capitalista no tienen pausa. En otra reflexión, el Papa critica las ganancias como motor de la actividad económica, afirmando lo siguiente:

"Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos, de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo, en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta".

Existen varios argumentos en esta parte de Evangelii gaudium que merecen respuesta. El primero es la idea según la cual la mayoría queda rezagada mientras unos se hacen más ricos. Hemos visto que este argumento tan común es falso, pues todos los datos muestran que el bienestar de las masas ha crecido como nunca en la historia de la humanidad en casi todas las regiones del planeta, y además, que los empresarios que logran innovar retienen apenas un 2,2 por ciento de la riqueza creada socialmente.

Extracto del capítulo La tiranía de las ganancias, el mal de la desigualdad.

Francisco y el atraso de Latinoamérica

La falta de conocimientos económicos lleva al Papa Francisco a hacer afirmaciones muy apresuradas. En una entrevista con el diario El País de España, el Papa sostuvo lo siguiente, para explicar el atraso latinoamericano:

"El problema es que Latinoamérica está sufriendo los efectos -que marqué mucho en la Laudato si- de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión muy grande. Y se sufre mucho. Y, evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico fuerte, de ese que yo condeno en Evangelii gaudium cuando digo que 'esta economía mata'. Mata de hambre, mata de falta de cultura. La emigración no es solo de África a Lampedusa o a Lesbos. La emigración es también desde Panamá a la frontera de México con Estados Unidos. La gente emigra buscando. Porque los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias".

Esta visión de la realidad latinoamericana no es efectiva. Si hay algo que explica el subdesarrollo, la miseria y el populismo de nuestra región es, precisamente, la ausencia de libertad económica. Cuando hablamos de libertad económica nos referimos a un marco institucional en el que se asegure fuertemente el derecho a la propiedad privada, se mantengan impuestos razonables, regulaciones amistosas con el emprendimiento, inflación controlada, con baja cantidad de empresas controladas por el Estado, gasto público sostenible y amplia apertura comercial.

Extracto del capítulo Del liberalismo económico como causa del atraso latinoamericano.

Desconocimiento de las causas de la riqueza

Francisco no se muestra, por cierto, inconsciente de que la tecnología y los avances científicos son esenciales para la prosperidad humana. "La tecnociencia -dice- bien orientada no solo puede producir cosas realmente valiosas para mejorar la calidad de vida del ser humano, desde objetos domésticos útiles hasta grandes medios de transporte, puentes, edificios, lugares públicos. También es capaz de producir lo bello...". El problema es que no parece ver la relación entre esos avances y el sistema de libre mercado, basado en instituciones que garantizan amplios niveles de libertad económica y acumulación de capital.

Extracto del capítulo El estiércol del diablo, el capital y la economía comunitaria.

La economía comunitaria

Es cierto que existe toda una tradición en la Doctrina Social de la Iglesia que habla sobre el destino universal de los bienes y la función social de la propiedad. De hecho, Francisco suele recurrir a ella. Pero esta tradición no significa que haya una oposición al capitalismo y a la más amplia libertad económica, para reemplazarla por una "economía comunitaria", como postula el Papa Francisco.

Extracto del capítulo El estiércol del diablo, el capital y la economía comunitaria.

Comunismo y cristianismo

"La ideología marxista es incorrecta, pero en mi vida he conocido a tantos marxistas buenas personas que no me siento ofendido si me lo llaman", dijo Francisco en una entrevista al ser preguntado por las acusaciones de marxista que había recibido de la derecha norteamericana, luego de la publicación de Evangelii gaudium. La frase debe sorprender a millones de católicos que siempre han sabido que el comunismo es el enemigo acérrimo del catolicismo y que sus resultados condujeron a la muerte de más de cien millones de personas. Por supuesto, Francisco no estaba aprobando los gulags ni los genocidios que hicieron los comunistas en todos los países en que tuvieron el poder, sino rescatando las buenas intenciones de comunistas que él había conocido y que le parecían "buenas personas". La identificación de Francisco con los comunistas resultó aún más chocante para muchos católicos cuando fue preguntado por un periodista italiano poco antes de la elección de Donald Trump acerca de si él apoyaba una "sociedad de tipo marxista". Francisco contestó:

"Son los comunistas los que piensan como los cristianos. Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan. No los demagogos, los barrabás, sino el pueblo, los pobres, tengan fe en Dios o no, son ellos a quienes tenemos que ayudar a obtener la igualdad y la libertad".

Extracto del capítulo Comunistas: los verdaderos cristianos

Fernando Chomali: "Francisco: Economía y sociedad"

Ampliar la mirada

Leyendo los discursos del Papa se percibe su pesar al constatar que las preguntas sobre lo que significa ser hombre, ser mujer, la familia y la comunidad, así como las preguntas acerca del sentido de la vida, de la razón de ser del otro y la convivencia, han quedado relegadas a un segundo plano. La cultura actual, de corte pragmática y centrada en la técnica y la economía, no las considera relevantes a la hora de pensar los temas sociales. El Papa cree que son preguntas fundamentales que, para ser adecuadamente respondidas y para que tengan impacto real en la vida de quienes habitamos en el planeta, exigen una cultura de la reflexión, del estudio, del discernimiento; en definitiva, una cultura en constante búsqueda de la verdad y del bien común.

Desde esa perspectiva, el Papa invita a todos a ampliar la mirada de la realidad para hacer diagnósticos globales y no encerrarse en lo particular. Esta invitación es explícita y es la condición de posibilidad de comprender el pensamiento pontificio. Ya no se trata de una mirada desde una ciencia o idea particular, sino de aquella que mira el todo. "Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos. ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes?".

Extracto de la Primera Parte.

Crisis antropológica y ética

Leyendo sus escritos y escuchando sus dichos, se percibe que la raíz de todos los males que aquejan a la humanidad está en una visión inadecuada del hombre. En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz postula:

"Ayer como hoy, en la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite el que pueda ser tratada como un objeto". La tesis del Papa es que la crisis ética es ante todo una crisis antropológica profunda, cuya consecuencia ha sido sacar al hombre del centro de la actividad política, social y económica y, a cambio, ha instalado el dinero, el consumo. Ello ha traído consecuencias para el propio hombre y el medio ambiente. Lo afirma con fuerza a pocos meses de haber asumido como Sumo Pontífice: "La persona humana hoy está en peligro: esto es cierto, la persona humana está en peligro; ¡he aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es solo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología". El Papa hace ver la urgencia de detener esta espiral que, además de inconducente, genera violencia. Lo dice casi como un grito desesperado: "Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco".

Extracto de la Segunda Parte.

El destino universal de los bienes y la propiedad privada

El principio del destino universal de los bienes está en el corazón de la enseñanza de la Iglesia en materia social y postula que Dios ha destinado la tierra y sus bienes para que todos puedan beneficiarse de ellos, de tal manera que no se excluya a nadie y no se privilegie a ninguno. Esto significa que se reconoce el derecho de todos quienes componen la sociedad humana de tener acceso a ellos, de tal manera que les permitan tener una vida conforme a su dignidad y sea la base de su desarrollo personal y familiar. Este derecho al uso de los bienes tiene que darse de una manera ordenada y equitativa, según un específico orden jurídico.

"Es una herencia común que nos debe beneficiar a todos". Este principio no niega la propiedad privada, pero reconoce en ella un medio y no un fin en sí mismo. El principio del destino universal de los bienes "es una invitación a desarrollar una visión económica inspirada por valores morales que permitan a las personas no perder de vista el origen o propósito de estos bienes, de manera que se logre un mundo de justicia y solidaridad en que la creación de riqueza pueda tener una función positiva". Francisco lo sitúa como el norte que se ha de tener presente si queremos lograr paz y justicia en la sociedad. En efecto, "el principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una 'regla de oro' del comportamiento social y el 'primer principio de todo ordenamiento ético social'".

Extracto de la Tercera Parte.

Sobre el mercado y el "derrame"

En la encíclica Laudato si, el Papa invita a un diálogo entre política y economía, de tal forma que vuelvan en conjunto la mirada hacia el hombre y su plenitud, y a tener como foco el bien común. Para lograr aquello, "la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma de la 'tecnocracia'". Por otro lado, a la luz de las crisis económicas y financieras de los últimos años y el impacto que han tenido en las personas, Francisco plantea que "una vez más, conviene evitar una concepción mágica del mercado, que tiende a pensar que los problemas se resuelven solo con crecimiento de los beneficios de las empresas o de los individuos".

El Papa va más lejos aún, al plantear que a pesar de las grandes desigualdades que existen en el mundo, donde muchas personas son excluidas y marginadas, "... algunos todavía defienden las teorías del 'derrame', que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad del mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando".

Extracto de la Cuarta Parte.

Economía de comunión

En el discurso que hiciera a los participantes del encuentro sobre economía de comunión, organizado por el movimiento de los Focolares, el Papa hizo una serie de reflexiones en torno al giro que debe tener la economía para que, en lugar de generar personas excluidas y "descartadas", genere inclusión y mayor justicia distributiva.

Francisco propone lo que se denomina la economía de comunión. Su tesis principal es que en el contexto de la cultura actual las palabras economía y comunión no solo están separadas, sino que además parecen contrapuestas. Es por ello que invita a los empresarios, a quienes les reconoce ser actores relevantes del desarrollo, a que se conviertan en agentes de comunión.

La empresa tiene como tarea no solo producir bienes y servicios, sino también promover la comunión.

Esta comunión de índole espiritual adquiere plenitud cuando implica también bienes, talentos y beneficios. La economía de los beneficios, afirma el Papa, es comunión de vida. Ello implica terminar con la lógica de que la finalidad de la empresa es solo el beneficio, pues puede terminar en idolatría. La lógica que debe primar es compartir el beneficio, especialmente con los pobres. Es una buena forma de decir que el dinero no es dios. Así, "la comunión no es solo división, sino también multiplicación de los beneficios, creación de un nuevo pan, de nuevos bienes, del nuevo Bien con mayúscula".

Extracto de la Cuarta Parte.

Movimientos populares

Para el Papa, los movimientos populares tienen un rol fundamental en la economía porque son capaces de crear, crear trabajo, construir viviendas, producir alimentos, y sobre todo, para aquellos que "son descartados por el mercado mundial". La tesis del Papa es que con las asociaciones comunitarias, los pobres son capaces de salir adelante con su propio esfuerzo, más allá del mercado formal. En definitiva, el Papa está convencido de que los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino, no quieren tutelaje ni injerencia y menos ser privados de ese derecho. Y él los apoya decididamente. Así lo hizo saber en la exhortación apostólica Evangelii gaudium: "El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. No necesitamos proyectos de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural".

Extracto de la Cuarta Parte.