Pais:   Chile
Fecha:   2021-12-25
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   5
Sección:   
Centimetraje:   34x27
La Tercera
Elevando la discusión: los debates que marcaron la semana
¿Inicio del fin o fin del inicio?
Llegamos a la última estación de un año plagado de elecciones. Seis jornadas electorales en ocho meses, una decena de votaciones distintas y un nuevo escenario político en el país. Si el asunto de la democracia se tratara de elecciones -solo de elecciones- no hay duda de que este año tuvimos una sobredosis de democracia. Es verdad que no todos están dispuestos a jugar a ese juego. Pero a la luz de las cifras de participación se podría decir que la democracia llama a la democracia, porque se marcó un récord. Pero si fue la última estación de un inédito año electoral -y probablemente también de una generación que dominó la escena política de los últimos 30 años- es sólo la primera del manido nuevo Chile.

Y sobre eso, sobre las explicaciones de lo que pasó y de lo que viene, abundaron las páginas de los últimos días. No faltó la autocomplacencia ni tampoco la autoflagelación -tomando términos de otras épocas. O la autoadmiración por el cumplimiento de nuestras tradiciones republicanas. Pero lo que más hubo fueron interpretaciones -que siempre sirven para vislumbrar lo que viene. Como escribe Ascanio Cavallo el lunes pasado, "Gabriel Boric obtuvo el triunfo más resonante del último medio siglo", pero los números, agrega, "son menos importantes que su significado profundo". Y este va mucho más allá. Porque como dice una línea teórica de la ciencia política, "cuando una élite es desplazada por otra se debe hablar de revolución". Y eso es, según él, lo que hubo acá, una "revolución".

Una revolución incruenta -pero no por ello carente de brusquedad-, donde "la generación de la transición fue desplazada por una generación de jóvenes sub 40 -que dejaron en el camino a la generación intermedia, "la generación olvidada", podrán decirle algunos. Los nietos desplazaron a los abuelos y los padres quedaron en el camino. "Es el inicio de los reemplazos", como escribe Javier Sajuria. "Con el triunfo del candidato de la izquierda se consolida una generación que ha sabido más de triunfos que derrotas y que, a diferencia de sus antecesores, no vive con los mismos miedos aprendidos en los años de la transición", asegura -la vertiente política de la generación dorada, dirán algunos. Pero falta aún ver los logros.

Pero si bien para Daniel Matamala acá las señales "de ruptura son evidentes", porque "Boric asumirá con 36 años, convirtiéndose en el presidente más joven de la historia de Chile" -y uno de los presidentes más jóvenes "elegido democráticamente" en el mundo- y "el traspaso de mando será también el de mayor brecha generacional en 200 años" -el actual Presidente duplica en edad a su sucesor-, el hecho, agrega, es que "la elección es pura continuidad". Continuidad entre 1988, 2011 y 2019. Las tribus que, según Matamala, se expresaron en el Sí y el No, siguen presentes. "Y si en 2011 el hijo adolescente mató al padre", con las protestas estudiantiles que cuestionaron el sistema, "en 2021 el padre ya anciano bendijo al hijo adulto". Todo parte de nuevo.

¿Y ahora qué?
Ya lo decía Giambattista Vico, la historia tiene su ciclo y se repite. Es verdad que su teoría sirvió muchas veces para otros fines, pero el hecho es que la gran pregunta que surge por estos días es en qué etapa estamos, la de los dioses o la de los humanos. En cierto sentido, lo sugiere también Hugo Herrera: Gabriel Boric será el "¿partero o el sepulturero" de la historia? "En poco más de una década… el Frente Amplio pasó de movimiento universitario a conglomerado político, jubiló a la Concertación y ganó la Presidencia" -y le ganó la carrera a su alter ego español Podemos. Y si bien hoy "luce como el augurio de un nuevo comienzo", existe también el riesgo de que por las influencias extremas "devenga en el sepulturero del viejo ciclo", un acelerante del "deterioro político e institucional del país".

Por eso, razones hay para la prudencia -que dicen es la virtud de los sabios-, porque, como escribe Max Colodro, "la esperanza y expectativas que la mayoría ciudadana han puesto en estos cambios tendrán como contexto un periodo singularmente difícil". Por eso, "el éxito de la nueva administración" dependerá en gran medida de "cómo se administren esas expectativas". Un punto relevante también para Carlos Correa, porque el presidente tampoco "cuenta con una mayoría parlamentaria en ambas cámaras", lo que hará mas difícil su trabajo. Pero como, según él, las altas expectativas hacen que no pueda ser un presidente en la medida de lo posible, deberá apostar por los símbolos. "Tendrá que hacerse cargo de esa especie de Brexit de la política tradicional que se votó (el domingo)".

Y en ese camino -el de su gobierno- será bueno, como escribe Paula Escobar, que Boric recuerde lo que les susurraban al oído a los generales romanos al regreso de sus victorias: "Recuerda que eres mortal". Lo decía también José Agustín Muniz en una carta el sábado pasado: "Memento mori". "Se hace campaña en poesía, pero se gobierna en prosa", aseguraba el fallecido gobernador de Nueva York Mario Cuomo. Y para Boric, llegó el tiempo de la prosa. Y como agrega Escobar, tendrá que hacerse cargo "de las demandas más urgentes que emergieron del estallido social", por eso, "debe tener la sensatez de hacerlo dentro un marco de realismo político". Y evitar, como agrega Claudio Alvarado, "la borrachera electoral" en que cayó Piñera tras su triunfo en 2017, pero esta vez hay que reconocer que 4,6 millones de votos no son pocos.

Los dilemas de los perdedores
Es casi un mantra de los libros de autoayuda: la derrota y el fracaso ayudan a crecer. Habrá que ver si los perdedores del domingo le hacen honor a esa máxima, porque lo cierto es que el panorama que se le avecina al sector no es el más auspicioso. Con una población menor de 30 años que se volcó mayoritariamente por el candidato de izquierda, el actual oficialismo -y los de más allá también- tienen mucho trabajo por delante. Lo dice Héctor Soto: "Si este fracaso no da lugar entre los socios del pacto a un proceso de severa autocrítica (…) querrá decir que la derecha volverá a resistirse a tomar en serio el lugar de castigo que le asignó la ciudadanía".

Y si de reflexiones sobre la derrota se trata, Pablo Ortúzar es categórico: "La derecha está destruida, (…) el segundo gobierno de Sebastián Piñera arrasó con ella" -el hombre que logró llevarla de vuelta a La Moneda terminó por sumirla en su peor crisis, ironías trágicas de la vida. La pregunta es ¿qué viene ahora? Y para el investigador del IES hay pocas dudas: para reconstruirse "la centroderecha… debe saber que lo que la hace de centro es el reformismo social y no el liberalismo 'valórico'". Pero ¿podrá avanzar en esa dirección? Depende del Boric que gobierne. El de primera vuelta podría potenciar a una derecha dura, mientras que el de la segunda, le daría margen a la centroderecha para reconstruirse "desde los acuerdos". Sólo queda esperar.

Y en esa espera, como agrega Ernesto Silva, el principal desafío es ir a buscar a los jóvenes, que esta vez se volcaron en masa por Gabriel Boric. Porque como señalan los expertos, "cuando un grupo de jóvenes se incorpora a votar en al menos dos procesos electorales, suele permanecer activo en el padrón electoral por muchas décadas". Por eso, para él, "la centroderecha, a pesar de la derrota electoral, enfrenta un momento oportuno para volver la mirada a los jóvenes". Y eso pasa por "la formación en ideas, el trabajo sistemático en universidades" y "la conexión con la sociedad civil". Pero más allá del trabajo que tiene por delante el sector -que no es poco-, izquierda, derecha y centro -si aún son válidas esas categorías- deberá aprender a convivir con el cambio generacional de la política chilena.
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Juan Paulo Iglesias-