Nex Prensa Escrita
Pais:   Chile
Fecha:   2019-10-17
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   D9
Sección:   Innovación - Empresas con propósito
Centimetraje:   33x27

Pie de Imagen
El argentino-sueco Carlos Ingham lleva 16 años impulsando Red de Alimentos.
Carlos Ingham, de Red de Alimentos:
“La legislación en Chile está hecha pensando que somos todos tramposos”
El Mercurio
El principal banco de alimentos nacional acaba de lanzar una aplicación para unir de forma más rápida y efectiva a fundaciones y proveedores de la red, mientras que se enfoca en evitar el desperdicio total.


Con el Parque Bicentenario de Vitacura a sus espaldas, el cofundador de Linzor Capital Partners y ejecutivo financiero argentino-sueco, Carlos Ingham, habla apasionadamente del nuevo chiche de Red de Alimentos, la fundación que él creó y que preside, y que ayuda a 265 organizaciones sociales y más de 234 mil personas, y que acaba de estrenar una red virtual que a través de una aplicación enlaza los productos no comercializados con quienes más lo necesitan, aplicando el concepto de 'refrigerador inteligente' y proyectando rescatar 18 mil toneladas de productos anuales.

Con 25 años en Chile, fue en 2003 que el expresidente de J. P. Morgan Chile dio vida a Red de Alimentos. Según él mismo cuenta, los food banks han existido desde hace 60 años en Estados Unidos y Europa, pero tras el 'corralito' trasandino es que llegaron a la región. Aunque en un principio estimó que sería fácil instalar uno en nuestro país, no pensaba que pasaría los primeros seis años haciendo lobby para acabar con los gastos rechazados a los alimentos, y luego varios más para que dejaran de incluir artículos de necesidad básica como los pañales. Con esto, las empresas ahora pueden entregar los alimentos y productos que antes habrían botado o incinerado para que sean consumidos por personas que reciben ayuda dentro de fundaciones sociales.

Con una red de 143 empresas, la operación de Red de Alimentos consiste en 'unir corazones' por medio de la distribución de productos aptos para el consumo y que las empresas no venderán. Estos son entregados a organizaciones sociales (OS) formalmente constituidas que atienden a población vulnerable. Con presencia fuerte en las regiones Metropolitana y Biobío, para este año proyectan la cobertura a nivel nacional gracias a la aplicación, la que les ahorra la mantención de bodegas, pues las OS irán directamente a los supermercados o donde los proveedores a buscar los insumos.

Según los números de la FAO, un tercio de la comida del mundo se pierde, por lo mismo el trabajo de Red de Alimentos va en el sentido de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 propuestos por Naciones Unidas, que buscan poner fin a la pobreza, al hambre, mantener una producción y un consumo responsables, y realizar acciones por el clima. 'La conciencia es un tema cultural, y eso es lo que tenemos que ir aprendiendo en Latinoamérica. No es algo que se cambia con una ley, sino a largo plazo', señala Ingham, quien hoy tiene 53 años de edad.

—¿Cómo controlan que los artículos y la comida lleguen a destino?

'Hay toda una mecánica armada, en donde sabemos exactamente lo que nos entrega Watt's, Nestlé o Walmart, y tenemos todas las fechas de vencimiento de todos los productos, desde la pasta de dientes hasta el yogur. Técnicamente aquí no hay ninguna donación, sino que son productos que ya no pueden ser comercializados y que están autorizados por Impuestos Internos para que sean entregados a costo cero. Hay productos de todo tipo, y nos aseguramos de que sean consumidos antes del vencimiento, y para eso tenemos algoritmos justamente para controlar, además de hacer cientos y cientos de visitas por año a los 800 centros que ayudamos'.

Rediseñando la forma de trabajar

A pesar de que los tiempos son otros respecto de cuando partieron, Carlos Ingham reconoce que aún sigue siendo difícil convencer a las empresas de participar del proyecto. 'Hay muchísimas empresas grandes que en 10 años no nos han dado ni un solo kilo de comida', afirma. 'La clave está no solo en realizar un cambio cultural, sino en la voluntad de poner a alguien de operaciones que le dedique parte de su tiempo para atender a las fundaciones. Muchas veces nos dicen que tienen problemas logísticos para realizarlo, y nosotros les respondemos que hay bancos de alimentos en ciudades como Sao Paulo o Ciudad de México que operan sin problemas. Además, ya hay 140 empresas que participan acá. Así que creo que es más un problema de voluntad', asegura.

De acuerdo a su visión, este problema no es único para Chile; sin embargo, piensa que a nuestro país lo hace único el tema de los gastos rechazados, pues 'la legislación en Chile está hecha pensando que somos todos tramposos. Hay legislaciones que parten de la base de que el ciudadano es honorable. ¿Por qué la base del gasto rechazable? Quizás en el pasado se abusó, pero no conozco ningún otro lugar que haya tenido dicho concepto para una donación. Hoy lo seguimos teniendo excepto para alimentos y artículos de primera necesidad, así que estamos trabajando con la reforma tributaria, y en ese sentido tanto el SII como La Moneda y los parlamentarios están de acuerdo'.

Con el fin evitar el desperdicio total, están buscando que la nueva legislación incentive la entrega de productos o el reciclaje y castigue la destrucción o desecho, algo que cambia todas las industrias. 'El proyecto de ley dice ‘insumos, materias primas y productos terminados'. Esa es toda la economía completa. No le pidas al Estado una franquicia tributaria por destruir, salvo que el producto no haya estado apto para el uso o consumo', cuenta Ingham, haciendo hincapié en que antes se destruían al mes 700 mil pañales, algo que hoy ya es alrededor de un 30% menos desde el cambio de la normativa.

Siguiendo el sueño de expandirse por todo el país, durante los dos últimos años han estado enfocados en la plataforma virtual que les permitirá aumentar la cobertura a nivel nacional y hacer más eficiente el rescate y distribución de estos productos. La plataforma estuvo durante un año en fase piloto con Walmart, y ya está disponible para los socios registrados. 'Nosotros no podíamos abrir bodegas en todo Chile, así que se nos ocurrió hacer una aplicación. Para eso postulamos al premio de Google.org que buscaba una tecnología que fuese nueva, escalable y de gran impacto. Nosotros conocemos las fundaciones con que trabajamos. Sabemos quién es cada persona y sus necesidades. Con la aplicación podemos monitorear y auditar si nos piden de más, y también podemos ofrecerles un producto que no nos han pedido'.

Ahora el algoritmo conoce toda la historia y funcionamiento de los 800 centros de las 265 OS con que trabajan, por lo que el sistema las conecta con los productores y comercializadores para que vayan directamente a buscarlos a sus establecimientos (en el caso de los supermercados, a sus locales). 'Con la aplicación generamos la confianza a través de una clave que damos nosotros a las organizaciones que están registradas y que conocemos. Esto va a cambiar incluso el impacto en el medio ambiente, pues toda la merma de las empresas vuelve a Santiago y con esto lo evitamos, ya que pueden entregar la comida y los pañales a las organizaciones que están cerca de esos puntos de venta', dice Ingham.

Recuadro
'La conciencia es un tema cultural, y eso es lo que tenemos que ir aprendiendo en Latinoamérica. No es algo que se cambia con una ley', señala Ingham.
Pie de pagina
Felipe Ramos Hajna-