Nex Prensa Escrita
Pais:   Chile
Fecha:   2020-09-14
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   18-19
Sección:   DF - Constitucional
Centimetraje:   32x27
JUAN ANDRÉS FONTAINE, EX MINISTRO DE ECONOMÍA:
“En el debate constitucional que viene hay que tomar muy en serio el riesgo de desatar la inflación”
El Diario Financiero
Desde su promulgación en 1980, la Constitución ha sido sujeta a más de un centenar de reformas. Siendo la mayor en 2005. Es más, en su libro 'La Ilusión Constitucional', Claudio Alvarado, director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Sociedad, señala que del texto original el único capítulo que se mantiene casi intacto es el que hace referencia al Banco Central.

Se trata del artículo XIII, que consta de dos artículos. En el 108, se declara la creación de 'un organismo autónomo, con patrimonio propio, de carácter técnico, denominado Banco Central, cuya composición, organización, funciones y atribuciones determinará una ley orgánica constitucional'.

En el siguiente artículo se determina que este organismo no podrá, 'de manera alguna', financiar al fisco o a sus empresas.

Dos declaraciones concisas, pero que Juan Andrés Fontaine explica han sido claves para el desarrollo de Chile y la mejora en las condiciones de vida.

Antes de ser director de empresas y luego ministro de Economía y Obras Públicas, Fontaine fue director de estudios del Banco Central, al que llegó en 1984. Precisamente, cuando se gestó la Ley Orgánica Constitucional que dio vida al emisor de los últimos 30 años.

'La inflación había azotado a los chilenos con gran intensidad y persistencia durante buena parte del siglo XX. Es sabido que una inflación alta y sostenida siempre tiene origen en una expansión monetaria excesiva y quien maneja la maquinita para imprimir dinero es el Banco Central. Si mal no recuerdo, desde la creación del IPC en 1928 hasta 1980, la inflación promedió cerca de 30% al año. ¿Cuál era la raíz del mal? Que el Banco Central expandía dócilmente la cantidad de dinero cada vez que el ministro de hacienda necesitaba plata para financiar el déficit fiscal o que el sector privado pedía crédito barato', recuerda ahora, sobre el diagnóstico previo a la reforma constitucional y posterior ley del emisor.

- ¿Cuál fue el espíritu que se vivió dentro del Banco Central durante los años en que se concibió, gestó e implementó la autonomía?

- Desde 1986 en adelante trabajamos desde el Banco Central en un proyecto de Ley Orgánica que concretara la autonomía establecida en la Constitución. La ley fue promulgada en 1989 y rige hasta hoy. Nos inspiramos en la ley del Bundesbank, el banco central alemán, considerando que también Alemania había tenido una horripilante historia inflacionaria (en el periodo de entreguerras) y –luego de dar autonomía a su banco central en los 50’s- había sido extraordinariamente exitoso en erradicar ese flagelo'.

- ¿Cuál sería el riesgo de que se incluya al Banco Central en la lista de instituciones por reformar, en caso de ganar el apruebo?

- La Constitución especifica la prohibición –salvo en caso de guerra- de financiar al Fisco (basada, seguramente, en la experiencia histórica ya comentada) y de operar con entidades que no sean instituciones financieras. Ambas restricciones son importantes y sería grave que se eliminaran, porque tanto el Fisco como las empresas no financieras son usuarios finales de créditos y tienen por tanto un interés directo en que el Banco Central emita dinero abundante y dé crédito barato. Ahora, me parece que sería muy inconveniente innovar en el sentido que la ley orgánica da al concepto de autonomía, al objeto y atribuciones. Pero es obvio que hay sectores políticos que quieren poder contar con el financiamiento inflacionario que podría facilitar el Banco Central, tanto para un mayor gasto público como para alimentar transitoriamente la demanda y el empleo. El problema es que la inflación, a que inevitablemente da lugar ese tipo de estrategias, es ineficiente (daña el dinamismo de la economía y la creación de empleos productivos) y es regresiva, porque golpea más a quienes viven de un salario fijo o no tienen sofisticación financiera para proteger sus ahorros'.

La ventaja de gozar de más credibilidad

- Tal como tras la crisis financiera, en medio de la pandemia, los bancos centrales están siendo presionados a adoptar nuevos roles y funciones, incluyendo una mayor coordinación con el fisco.

¿Se está perdiendo de forma tácita la autonomía?

- La crisis financiera y la pandemia han obligado a los bancos centrales a acudir al rescate de bancos (en el primer caso) y empresas (en el segundo). Como eso puede implicar importantes pérdidas patrimoniales en los bancos centrales, no es extraño que hayan actuado con el apoyo formal o tácito de los gobiernos, quienes a la larga tendrían que resarcir a los bancos centrales de esas pérdidas.

Dicho eso, agregaría que me preocupa que la Fed y el BCE, a propósito de estabilizar las tasas de interés de largo plazo, se han transformado en los grandes compradores de deuda pública norteamericana y europea.

Eso encierra el peligro de la monetización de los déficits fiscales y el regreso de la inflación, no ahora, sino una vez que la economía se recupere. Así ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial.

- ¿Deben los bancos centrales cambiar sus objetivos? ¿Por ejemplo, seguir los pasos de la Fed y adoptar como objetivo el pleno empleo?

- Los actuales objetivos del Banco Central –velar por la estabilidad de precios y por el normal funcionamiento del sistema de pagos- son similares a los de todos los bancos centrales modernos, como por ejemplo el BCE. Lo de la Fed es una herencia de la Gran Depresión.

En la práctica, estabilizar la inflación en torno a la meta es también estabilizar el empleo en torno al pleno empleo. Distinto es el caso de un banco central no creíble, que debe aceptar temporalmente un menor nivel de empleo para alinear las expectativas de inflación en torno a la meta y volver a crecer y crear empleos en forma estable.

Una ventaja de un banco central autónomo es que puede gozar de más credibilidad, como lo ha demostrado el chileno. Para ver lo que cuesta recobrar la credibilidad y la estabilidad una vez que se pierde en manos del populismo fiscal y monetario, no hace falta sino mirar hacia Argentina'.

'Una economía estable permite mirar y planear a largo plazo'

- En caso de avanzar a una reforma constitucional, ¿hay mejoras o cambios que sí serían positivos de implementar en el Banco Central?

- Tengo una evaluación extraordinariamente positiva del comportamiento de nuestro Banco Central autónomo durante más 30 años. Esa percepción es compartida internacionalmente.

Esa es una de nuestras mayores ventajas competitivas: una economía estable permite a sus actores mirar y planear a largo plazo, acometer inversiones que prometen retorno a 10. 20 o 30 años plazo, endeudarse a costo razonable también a esos plazos para financiar una vivienda o un emprendimiento.

Nada de eso era posible en la economía inflacionaria, cortoplacista, especulativa que vivimos hasta 1980.

En el debate constitucional que viene hay que tomar muy en serio el riesgo de desatar la inflación. Es fácil olvidarse de ese riesgo, porque llevamos mucho tiempo disfrutando de una buena dosis de estabilidad en el costo de vida. Pero hay que recordar que la inflación es una suerte de impuesto no legislado, que además de ser particularmente dañino para el funcionamiento de la economía y ser regresivo, tiene la particularidad que políticamente es muy tentador.

Recuadro
'Es fácil olvidarse de ese riesgo, porque llevamos mucho tiempo disfrutando de una buena dosis de estabilidad en el costo de vida'.

'Es obvio que hay sectores políticos que quieren poder contar con el financiamiento inflacionario que podría facilitar el Banco Central, tanto para un mayor gasto público como para alimentar transitoriamente la demanda y el empleo'
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POR MARCELA VÉLEZ-PLICKERT-