Nex Prensa Escrita
Pais:   Chile
Fecha:   2021-12-21
Tipo:   Prensa Escrita
Página(s):   2
Sección:   Opinión - Espacio Abierto
Centimetraje:   12x21
El inicio de los reemplazos
La Tercera
El triunfo de Gabriel Boric no es solo el fin de un tren electoral que nos tiene concurriendo a las urnas desde octubre del 2020, sino también la culminación del período político más convulsionado desde el fin de la dictadura. Con el triunfo del candidato de la izquierda, se consolida una generación que ha sabido más de triunfos que derrotas y que, a diferencia de sus antecesores, no vive con los mismos miedos aprendidos en los años de la transición. Probablemente, este es el reflejo más claro del fin de ese período iniciado en 1990, en el que la élite de Chile buscó afianzar la institucionalidad democrática y económica, aun a costa de su representatividad y legitimidad.

Pero los procesos históricos no son como una serie de TV, donde los finales de temporada quedan claramente marcados por el capítulo final. Aquí habrá una serie de avances y retrocesos que nos harán sentir, a veces, que las cosas siguen igual. Quienes vieron los paneles de conversación en medios a pocas horas de los resultados habrán notado que estaban llenos de los mismos actores de la última década. Y así como en los programas de conversación, el proceso de reemplazo también será más complejo.

El primer reemplazo será generacional, pero no solo uno en que los hijos de los que administraron la transición reclaman para sí el derecho a gobernar. Aquí hubo una entrega forzosa de las riendas, a contrapelo de lo que las generaciones anteriores hubiesen querido. Boric logró convocar con un mensaje de esperanza, pero solo tras vencer a las élites tradicionales en primera vuelta. Pero la juventud por sí sola no es una virtud (lo dice alguien de la misma generación del presidente electo) y esta generación que conoce solo de triunfos necesitará del aprendizaje de quienes han conocido de derrotas.

El segundo reemplazo es en términos de representatividad. Tanto en el Congreso y la Convención, la expectativa es que el gobierno de Boric sea capaz de incorporar a sectores excluidos del poder. Sobre él y su equipo recae la promesa de una redistribución del poder que implique paridad, descentralización y renuncia del monopolio de las élites. Esto requiere un gobierno, y un Presidente, dispuestos a salir de su rol con menos poder del que entraron. Si bien esa promesa ya está hecha, cumplirla es complejo para un gobierno que contará con pocos apoyos legislativos.

Por último, este fin de ciclo pareciera llamar a un reemplazo de la apatía política por la movilización. Chile lleva años perdiendo su identificación partidaria, creciendo a costa de afinidades políticas efímeras y de una movilización basada en el rechazo a las élites y a quienes ostentan el poder. Esta elección no fue distinta. Pero, hay motivos para mirar con esperanza el futuro. El resultado mostró una movilización y una repolitización de la ciudadanía en torno a demandas de mejor calidad de vida y mayor legitimidad. La generación que asume no es la que "no está ni ahí" de los 90, sino una que cree que la política puede mejorar nuestras vidas. Ojalá tengan razón.
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Por Javier Sajuria Profesor de Ciencia Política Queen Mary Universitiy -