|
Pais: Chile
|
|
Región: Metropolitana de Santiago
|
|
Fecha: 2024-01-09
|
|
Tipo: Prensa Escrita
|
|
Página(s): 14-15-16
|
|
Sección: Lecturas & Documentos
|
|
Centimetraje: 29x69
|
Publicado en el aniversario de la USEC, el artículo ofrece una mirada de la empresa desde la perspectiva de los trabajadores.
A algunos podría parecer extraño que un dirigente sindical escriba un ensayo sobre 'Más y mejores empresas', ya que están más acostumbrados a pensar que los sindicatos están orientados a sus intereses inmediatos, para obtener beneficios para sus trabajadores, sin importarles mayormente los otros intereses de largo plazo, e incluso a veces en conflicto con esas otras miradas de la empresa donde se insertan.
Yendo un paso más allá, aún me cuesta comprender por qué a los dirigentes sindicales se nos tiende a relacionar con una mirada más bien ideologizada o político-partidista de nuestro rol en el mundo del trabajo, como si tuviéramos que ser necesariamente de una tendencia para ser considerados buenos dirigentes sindicales. No concuerdo con esto último, ya que mi pensamiento es que uno trabaja en una empresa para alguien, por lo tanto, para que el negocio prospere, debe irles bien a ambas partes. Si al empleador le va bien, esto impacta en los beneficios de sus colaboradores. Es imposible pensar que a los trabajadores les va a ir bien si la empresa donde trabajan no prospera.
Esa fue una de las grandes enseñanzas que me entregó don José Guilisasti Gana (1957-2014), uno de los dueños de la empresa Frutícola Viconto, donde me he desempeñado desde los 14 años cuando tuve que comenzar a trabajar, debido a que mi padre, viudo y con muchos hijos, ya no nos podía mantener como familia ni costearnos los estudios.
Fue así, como una década después, y con el apoyo de la empresa, pude retomar mis estudios y terminar la enseñanza media, egresando de una carrera técnico profesional de administración de empresas, convirtiéndose en una plataforma que me sirvió para potenciar mi desempeño laboral en la empresa.
Por esos años, junto a otros compañeros creamos el Sindicato de Trabajadores Frutícola Viconto. Éramos alrededor de 360 compañeros de trabajo de planta, siendo yo uno de los de menor edad. Fue en esa época cuando se me acercó uno de los dueños de la compañía, a quien tengo mucho que agradecer por sus consejos, y me pregunta por qué deseo formar parte del sindicato, a lo que le respondí: 'Para tratar de poner un poco más de justicia entre el trabajo y el capital'. En esa época, ese era el tono del lenguaje que se utilizaba, un poco 'rebelde'.
Desde aquel entonces mantuvimos una relación cercana, siempre con conversaciones de igual a igual. Es por eso por lo que en su figura pude encontrar a un gran consejero. Incluso, cuando alguna vez necesité ayuda económica, la empresa me entregó un préstamo de manera generosa con el compromiso de que yo devolviera todo el dinero cuando pudiera y con la conciencia de dar un ejemplo de honestidad y esfuerzo, tanto a los compañeros que me tocó representar, como a las nuevas generaciones, porque la honestidad vale más que cualquier otra cosa.
Es por eso por lo que no estoy de acuerdo cuando se asume que los sindicatos nacieron sólo para reivindicar derechos. No, no es así, porque si bien es cierto que los dirigentes sindicales estamos para reivindicar derechos, antes de éstos existen los deberes, a los que todos —sindicalistas y empresarios— estamos sujetos. Esa fue una de las lecciones que aprendí de don José y hasta el día de hoy le agradezco a Dios por haberlo conocido.
Más adelante, cuando me tocó asumir cargos de representatividad a nivel nacional, me expresó: 'nunca recibas nada de nadie, que no corresponde, porque tú estás en un cargo que exige responsabilidad'. Por eso, prefiero morir con la conciencia tranquila y sin entregar mi alma al diablo para vivir mejor. Por eso, tengo claro que es mejor ganar menos que mis compañeros, porque trabajé menos que ellos en la faena productiva, dado el tiempo que dedico a mis responsabilidades sindicales, y que los beneficios que se obtengan sean para todos los empleados, y no sólo los sindicalizados.
A la vez, agradezco que la vida me haya otorgado muchas satisfacciones. Recuerdo que en los años noventa pude viajar a Estados Unidos a estudiar por un mes y medio gracias a una beca relacionada al trabajo sindical. A la vez, he tenido la fortuna de viajar a muchos otros países conociendo y aprendiendo de muchas personas de quienes mantengo bonitos recuerdos. Esas son lecciones que entrega la experiencia cuando en el camino se cruzan tantas personas con buenos consejos y aprecio. Es así como desde 1989 tuve la fortuna de conocer a un buen mentor y guía empresarial, como lo fue José Guilisasti Gana, quien confió en mí, apoyándome a lo largo de mi trayecto como dirigente sindical. Como también lo fue, en este mismo camino sindical, Eugenio León Gajardo, ex presidente de la Confederación Nacional Campesina, del que aprendí mucho. Por eso, aunque los inicios de mi vida no fueron fáciles, soy un agradecido de lo que me ha tocado vivir, ya que la vida en sí misma no tiene precio.
Por otra parte, siempre he pensado que la gente es buena y no necesariamente es determinada por sus circunstancias. Por eso me molesta que algunos representantes políticos le digan a la sociedad que existe gente mala por las circunstancias que le tocó vivir. Eso es como burlarse de aquellos que, como yo, con harto sacrificio y habiendo sufrido, supimos salir adelante.
Volviendo al tema de esta reflexión, es clave fortalecer la relación humana entre el trabajador y su empleador. Eso es lo primero que hay que tener presente, porque la relación es, en primer término, humana. Por lo mismo, se debe entender al otro para que éste, a su vez, te comprenda, ya que conversar es una cualidad humana. Es por eso, también, que no hay que endiosar ni demonizar a nadie, ya que esto quiebra la relación, la deshumaniza. Para que se perpetúe, esta requiere de confianza mutua y de valores cristianos, porque hay que rescatar la humanidad de las relaciones junto a valores, que lamentablemente se han perdido, para fortalecer a la sociedad y sus instituciones.
Muchos dirigentes sindicales estarán de acuerdo conmigo en afirmar que las relaciones al interior de las empresas son mejores a lo que se muestra o cuenta por fuera. Van más allá de la celebración del Dieciocho o los aguinaldos de fin de año. Al interior de la empresa se forja un vínculo entre el gerente y los trabajadores muchas veces más cercana que la establecida con quienes encabezan los sindicatos. Es sobre eso lo que se sostiene la confianza que, como mencioné anteriormente, posee dos caras: la del empresario que confía en los miembros de los sindicatos de su empresa y que estos, a su vez, comprenden que a todos les conviene que a la empresa le vaya bien y sea sostenible en el tiempo.
Es por esto por lo que el dirigente sindical también posee un rol de formador para los trabajadores, de motivarlos a que adquieran buenos hábitos, que sean puntuales, que lleguen a trabajar todos los días, que sean responsables y comprometidos con su labor. Porque hay una relación directa entre el buen desempeño y el impacto positivo sobre la vida familiar, personal y también sobre la misma empresa. La solución no es quitarle al rico para darle al pobre. Hay que entender el negocio y que para que a todos nos vaya bien, hay que trabajar en conjunto, para que la torta crezca y así también ayudemos más a la sociedad. Es por eso que la educación es la mejor opción para distribuir riqueza por medio del trabajo y no destruirla por medio del subsidio.
Por último, quiero compartir la siguiente historia. Una vez me tocó asesorar a un sindicato de una empresa agrícola relevante, que se encontraba en medio de una negociación colectiva que no progresaba, por lo que fui contactado para intervenir. Cuando se logró resolver el conflicto entre las partes, fui contactado por el dueño de la empresa, quien me invitó a almorzar como un gesto de agradecimiento por haber ayudado a resolver el tema. Le sugerí que, en vez de sólo invitarme a mí a almorzar, lo hiciera con todos los trabajadores. El gesto fortaleció mucho las confianzas al interior de la empresa otorgándome, además, una nueva persona con quien conversar de frente, por medio de una relación humana. Cuando esto sucede, sólo ahí te das cuenta de que existen dirigentes que no buscan un 'arreglín' en beneficio personal, sino un bien mayor para toda la empresa y todos sus trabajadores.
A la vez, no puedo no hacer referencia a los enormes cambios tecnológicos que se están desarrollando, particularmente en torno a la inteligencia artificial. Es por esto por lo que debemos comenzar a trabajar desde ya para prepararnos a los cambios tecnológicos que se nos vienen, tales como la robotización, mecanización y la digitalización. Los dirigentes sindicales también deben entrar a jugar en esta nueva cancha, promoviendo la formación y capacitación de los colaboradores, para que sigamos siendo contratables y al día con las tecnologías de punta.
Una empresa se hace más humana en la medida que reconoce en sus trabajadores a personas que además de ejercer una función productiva, tienen familias que quieren cumplir sueños, que buscan superar problemas y vivir en una sociedad en paz. Son personas cuyo trabajo se ve afectado por las situaciones que viven dentro y fuera de la empresa.
Es por lo anterior, que es muy importante generar canales que permitan visibilizar lo que está pasando en las vidas de los trabajadores. El sindicato, al estar más cerca de los trabajadores, puede cumplir el rol del cuidado de las personas, conociendo y levantando situaciones complejas que pueden afectar a algún trabajador o su familia. Así, trabajadores y empresa podrán encontrar caminos de ayuda que, además de apoyar en la solución del problema, permitan movilizar a todos a vivir la solidaridad. Sin duda que esto es fundamental cuando se busca hacer empresas más humanas.
En empresas grandes es difícil para los dueños y ejecutivos de primera línea conocer personalmente a los colaboradores y sus problemas y necesitan ayuda para detectar los dolores y luego en conjunto buscar distintos caminos que permitan rescatar la dignidad del que está sufriendo y movilizar a todos en pos de la solidaridad. El sindicato puede conectar a la empresa y las demás personas con el dolor del que sufre, generando una compasión que transforma cuando éstas se movilizan a dar parte de lo que son y de lo que tienen.
Esto requiere una relación de confianza entre ambas partes, que salga de la dialéctica, del conflicto, entre obreros y patrones, y pase a un vínculo colaborativo. Ambos formamos parte de la empresa. Por eso, cuando a la empresa le va bien, a los trabajadores también nos va bien. Sin un sindicato activo y consciente de su misión colaborativa, de puente, es muy difícil que las empresas conozcan las alegrías y dolores de los colaboradores y sus familias.
El movimiento sindical no se acabará mientras exista la necesidad de una organización interna entre trabajadores y empresarios. Por lo mismo, el sindicato debe promover el diálogo social con el empleador y las empresas, a su vez, debe abrirse a que sus trabajadores sean parte de la discusión sobre temas que les incumben, ya que la participación es muy importante. En última instancia, queremos sentarnos a pensar juntos en un Chile para todos: el Chile con más y mejores empresas, el Chile de los trabajadores, el Chile de la junta de vecinos, el Chile del club deportivo, todo el mundo.
Nex Prensa Escrita
Publicado en el aniversario de la USEC, el artículo ofrece una mirada de la empresa desde la perspectiva de los trabajadores.
A algunos podría parecer extraño que un dirigente sindical escriba un ensayo sobre 'Más y mejores empresas', ya que están más acostumbrados a pensar que los sindicatos están orientados a sus intereses inmediatos, para obtener beneficios para sus trabajadores, sin importarles mayormente los otros intereses de largo plazo, e incluso a veces en conflicto con esas otras miradas de la empresa donde se insertan.
Yendo un paso más allá, aún me cuesta comprender por qué a los dirigentes sindicales se nos tiende a relacionar con una mirada más bien ideologizada o político-partidista de nuestro rol en el mundo del trabajo, como si tuviéramos que ser necesariamente de una tendencia para ser considerados buenos dirigentes sindicales. No concuerdo con esto último, ya que mi pensamiento es que uno trabaja en una empresa para alguien, por lo tanto, para que el negocio prospere, debe irles bien a ambas partes. Si al empleador le va bien, esto impacta en los beneficios de sus colaboradores. Es imposible pensar que a los trabajadores les va a ir bien si la empresa donde trabajan no prospera.
Esa fue una de las grandes enseñanzas que me entregó don José Guilisasti Gana (1957-2014), uno de los dueños de la empresa Frutícola Viconto, donde me he desempeñado desde los 14 años cuando tuve que comenzar a trabajar, debido a que mi padre, viudo y con muchos hijos, ya no nos podía mantener como familia ni costearnos los estudios.
Fue así, como una década después, y con el apoyo de la empresa, pude retomar mis estudios y terminar la enseñanza media, egresando de una carrera técnico profesional de administración de empresas, convirtiéndose en una plataforma que me sirvió para potenciar mi desempeño laboral en la empresa.
Por esos años, junto a otros compañeros creamos el Sindicato de Trabajadores Frutícola Viconto. Éramos alrededor de 360 compañeros de trabajo de planta, siendo yo uno de los de menor edad. Fue en esa época cuando se me acercó uno de los dueños de la compañía, a quien tengo mucho que agradecer por sus consejos, y me pregunta por qué deseo formar parte del sindicato, a lo que le respondí: 'Para tratar de poner un poco más de justicia entre el trabajo y el capital'. En esa época, ese era el tono del lenguaje que se utilizaba, un poco 'rebelde'.
Desde aquel entonces mantuvimos una relación cercana, siempre con conversaciones de igual a igual. Es por eso por lo que en su figura pude encontrar a un gran consejero. Incluso, cuando alguna vez necesité ayuda económica, la empresa me entregó un préstamo de manera generosa con el compromiso de que yo devolviera todo el dinero cuando pudiera y con la conciencia de dar un ejemplo de honestidad y esfuerzo, tanto a los compañeros que me tocó representar, como a las nuevas generaciones, porque la honestidad vale más que cualquier otra cosa.
Es por eso por lo que no estoy de acuerdo cuando se asume que los sindicatos nacieron sólo para reivindicar derechos. No, no es así, porque si bien es cierto que los dirigentes sindicales estamos para reivindicar derechos, antes de éstos existen los deberes, a los que todos —sindicalistas y empresarios— estamos sujetos. Esa fue una de las lecciones que aprendí de don José y hasta el día de hoy le agradezco a Dios por haberlo conocido.
Más adelante, cuando me tocó asumir cargos de representatividad a nivel nacional, me expresó: 'nunca recibas nada de nadie, que no corresponde, porque tú estás en un cargo que exige responsabilidad'. Por eso, prefiero morir con la conciencia tranquila y sin entregar mi alma al diablo para vivir mejor. Por eso, tengo claro que es mejor ganar menos que mis compañeros, porque trabajé menos que ellos en la faena productiva, dado el tiempo que dedico a mis responsabilidades sindicales, y que los beneficios que se obtengan sean para todos los empleados, y no sólo los sindicalizados.
A la vez, agradezco que la vida me haya otorgado muchas satisfacciones. Recuerdo que en los años noventa pude viajar a Estados Unidos a estudiar por un mes y medio gracias a una beca relacionada al trabajo sindical. A la vez, he tenido la fortuna de viajar a muchos otros países conociendo y aprendiendo de muchas personas de quienes mantengo bonitos recuerdos. Esas son lecciones que entrega la experiencia cuando en el camino se cruzan tantas personas con buenos consejos y aprecio. Es así como desde 1989 tuve la fortuna de conocer a un buen mentor y guía empresarial, como lo fue José Guilisasti Gana, quien confió en mí, apoyándome a lo largo de mi trayecto como dirigente sindical. Como también lo fue, en este mismo camino sindical, Eugenio León Gajardo, ex presidente de la Confederación Nacional Campesina, del que aprendí mucho. Por eso, aunque los inicios de mi vida no fueron fáciles, soy un agradecido de lo que me ha tocado vivir, ya que la vida en sí misma no tiene precio.
Por otra parte, siempre he pensado que la gente es buena y no necesariamente es determinada por sus circunstancias. Por eso me molesta que algunos representantes políticos le digan a la sociedad que existe gente mala por las circunstancias que le tocó vivir. Eso es como burlarse de aquellos que, como yo, con harto sacrificio y habiendo sufrido, supimos salir adelante.
Volviendo al tema de esta reflexión, es clave fortalecer la relación humana entre el trabajador y su empleador. Eso es lo primero que hay que tener presente, porque la relación es, en primer término, humana. Por lo mismo, se debe entender al otro para que éste, a su vez, te comprenda, ya que conversar es una cualidad humana. Es por eso, también, que no hay que endiosar ni demonizar a nadie, ya que esto quiebra la relación, la deshumaniza. Para que se perpetúe, esta requiere de confianza mutua y de valores cristianos, porque hay que rescatar la humanidad de las relaciones junto a valores, que lamentablemente se han perdido, para fortalecer a la sociedad y sus instituciones.
Muchos dirigentes sindicales estarán de acuerdo conmigo en afirmar que las relaciones al interior de las empresas son mejores a lo que se muestra o cuenta por fuera. Van más allá de la celebración del Dieciocho o los aguinaldos de fin de año. Al interior de la empresa se forja un vínculo entre el gerente y los trabajadores muchas veces más cercana que la establecida con quienes encabezan los sindicatos. Es sobre eso lo que se sostiene la confianza que, como mencioné anteriormente, posee dos caras: la del empresario que confía en los miembros de los sindicatos de su empresa y que estos, a su vez, comprenden que a todos les conviene que a la empresa le vaya bien y sea sostenible en el tiempo.
Es por esto por lo que el dirigente sindical también posee un rol de formador para los trabajadores, de motivarlos a que adquieran buenos hábitos, que sean puntuales, que lleguen a trabajar todos los días, que sean responsables y comprometidos con su labor. Porque hay una relación directa entre el buen desempeño y el impacto positivo sobre la vida familiar, personal y también sobre la misma empresa. La solución no es quitarle al rico para darle al pobre. Hay que entender el negocio y que para que a todos nos vaya bien, hay que trabajar en conjunto, para que la torta crezca y así también ayudemos más a la sociedad. Es por eso que la educación es la mejor opción para distribuir riqueza por medio del trabajo y no destruirla por medio del subsidio.
Por último, quiero compartir la siguiente historia. Una vez me tocó asesorar a un sindicato de una empresa agrícola relevante, que se encontraba en medio de una negociación colectiva que no progresaba, por lo que fui contactado para intervenir. Cuando se logró resolver el conflicto entre las partes, fui contactado por el dueño de la empresa, quien me invitó a almorzar como un gesto de agradecimiento por haber ayudado a resolver el tema. Le sugerí que, en vez de sólo invitarme a mí a almorzar, lo hiciera con todos los trabajadores. El gesto fortaleció mucho las confianzas al interior de la empresa otorgándome, además, una nueva persona con quien conversar de frente, por medio de una relación humana. Cuando esto sucede, sólo ahí te das cuenta de que existen dirigentes que no buscan un 'arreglín' en beneficio personal, sino un bien mayor para toda la empresa y todos sus trabajadores.
A la vez, no puedo no hacer referencia a los enormes cambios tecnológicos que se están desarrollando, particularmente en torno a la inteligencia artificial. Es por esto por lo que debemos comenzar a trabajar desde ya para prepararnos a los cambios tecnológicos que se nos vienen, tales como la robotización, mecanización y la digitalización. Los dirigentes sindicales también deben entrar a jugar en esta nueva cancha, promoviendo la formación y capacitación de los colaboradores, para que sigamos siendo contratables y al día con las tecnologías de punta.
Una empresa se hace más humana en la medida que reconoce en sus trabajadores a personas que además de ejercer una función productiva, tienen familias que quieren cumplir sueños, que buscan superar problemas y vivir en una sociedad en paz. Son personas cuyo trabajo se ve afectado por las situaciones que viven dentro y fuera de la empresa.
Es por lo anterior, que es muy importante generar canales que permitan visibilizar lo que está pasando en las vidas de los trabajadores. El sindicato, al estar más cerca de los trabajadores, puede cumplir el rol del cuidado de las personas, conociendo y levantando situaciones complejas que pueden afectar a algún trabajador o su familia. Así, trabajadores y empresa podrán encontrar caminos de ayuda que, además de apoyar en la solución del problema, permitan movilizar a todos a vivir la solidaridad. Sin duda que esto es fundamental cuando se busca hacer empresas más humanas.
En empresas grandes es difícil para los dueños y ejecutivos de primera línea conocer personalmente a los colaboradores y sus problemas y necesitan ayuda para detectar los dolores y luego en conjunto buscar distintos caminos que permitan rescatar la dignidad del que está sufriendo y movilizar a todos en pos de la solidaridad. El sindicato puede conectar a la empresa y las demás personas con el dolor del que sufre, generando una compasión que transforma cuando éstas se movilizan a dar parte de lo que son y de lo que tienen.
Esto requiere una relación de confianza entre ambas partes, que salga de la dialéctica, del conflicto, entre obreros y patrones, y pase a un vínculo colaborativo. Ambos formamos parte de la empresa. Por eso, cuando a la empresa le va bien, a los trabajadores también nos va bien. Sin un sindicato activo y consciente de su misión colaborativa, de puente, es muy difícil que las empresas conozcan las alegrías y dolores de los colaboradores y sus familias.
El movimiento sindical no se acabará mientras exista la necesidad de una organización interna entre trabajadores y empresarios. Por lo mismo, el sindicato debe promover el diálogo social con el empleador y las empresas, a su vez, debe abrirse a que sus trabajadores sean parte de la discusión sobre temas que les incumben, ya que la participación es muy importante. En última instancia, queremos sentarnos a pensar juntos en un Chile para todos: el Chile con más y mejores empresas, el Chile de los trabajadores, el Chile de la junta de vecinos, el Chile del club deportivo, todo el mundo.
|
Pais: Chile
|
|
Región: Metropolitana de Santiago
|
|
Fecha: 2024-01-09
|
|
Tipo: Prensa Escrita
|
|
Página(s): 14-15-16
|
|
Sección: Lecturas & Documentos
|
|
Centimetraje: 29x69
|