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Pais: Chile
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Región: Metropolitana de Santiago
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Fecha: 2024-05-19
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Tipo: Prensa Escrita
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Página(s): A2
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Sección: Cartas y Opinión
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Centimetraje: 21x11
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7 de octubre: un antes y un después
Señor Director:
Encontramos dos cuerpos convertidos en cenizas. Eso es lo único que quedó de mi hija Loren —que nació en Chile— y su marido Iván, tras el ataque de Hamas al kibutz Kissufim, el 7 de octubre pasado. Los terroristas los acribillaron con balas que lograron traspasar la pieza de seguridad, arrastraron sus cuerpos hacia otro sector del hasta entonces “hogar feliz” y, luego, quemaron la casa con ellos adentro.
Calculo que fallecieron cerca de las 13 horas. Solo minutos antes, hablé por última vez con mi única hija, que vivía a 100 metros de nuestra casa.
Ese día mataron a otros 14 civiles del kibutz cercano a Gaza: a seis trabajadores tailandeses y a la adulta mayor chilena Gina Pack, entre otros.
Me duele y me cuesta profundamente que no fui capaz de ayudarlos. Como comandante del cuerpo de bomberos voluntarios de la zona fronteriza de Gaza —que fundé al emigrar desde Chile a Israel, donde esa labor es remunerada—, ordené no salir de las casas por ningún motivo.
Aunque en la zona de Gaza siempre caen misiles y bombas, el 7 de octubre fue un evento sin precedentes. Se trató de un ataque de gran intensidad y crueldad, donde Hamas había estudiado todos los detalles sobre el lugar para causar el mayor daño posible e inhibirnos de responder. Además, los terroristas se quedaron varios días escondidos en Kissufim con la intención de matar a otros de sus residentes.
Las bajas de nuestro kibutz son parte de las 1.200 personas asesinadas —en su mayoría civiles— por el grupo terrorista. Se trata de hombres y mujeres de todas las edades y nacionalidades, que habitaban en otros kibutzim próximos a Gaza, o eran parte del público del festival de música Nova.
Tal como muestran los informes, un hombre murió por el impacto de una granada, otro fue decapitado, varios bebés fueron degollados y cientos de mujeres violadas de forma reiterada. Además, los terroristas se llevaron muchos cuerpos sin vida como moneda de cambio.
Desde mi kibutz, además, fue secuestrado Shlomo Manzur (86), que fue uno de los 240 secuestrados por Hamas y aún está en Gaza, junto a otros 128 israelíes. No volvió cuando liberaron a un grupo de cautivos. Pero quienes sí lo hicieron son los testigos y la voz de quienes están desaparecidos. En sus relatos se repiten las condiciones extremas y el maltrato al que estuvieron expuestos, las violaciones grupales y constantes que sufrieron las mujeres cautivas.
Mi hogar, que comparto con mi mujer Cecilia, oriundos de San Felipe, está enlutado por Loren, Iván, nuestros vecinos directos y de todo Israel, y por los 129 cautivos que aún permanecen en Gaza. El duelo ante la pérdida de mi hija me acompañará toda la vida, pero ese vacío, pena, dolor podrían verse aliviados, si regresan Shlomo y los otros israelíes que están secuestrados. No pierdo la esperanza de que ello ocurra: todos los días me levanto esperando que vuelvan antes de caer la noche.
Nex Prensa Escrita
7 de octubre: un antes y un después
Señor Director:
Encontramos dos cuerpos convertidos en cenizas. Eso es lo único que quedó de mi hija Loren —que nació en Chile— y su marido Iván, tras el ataque de Hamas al kibutz Kissufim, el 7 de octubre pasado. Los terroristas los acribillaron con balas que lograron traspasar la pieza de seguridad, arrastraron sus cuerpos hacia otro sector del hasta entonces “hogar feliz” y, luego, quemaron la casa con ellos adentro.
Calculo que fallecieron cerca de las 13 horas. Solo minutos antes, hablé por última vez con mi única hija, que vivía a 100 metros de nuestra casa.
Ese día mataron a otros 14 civiles del kibutz cercano a Gaza: a seis trabajadores tailandeses y a la adulta mayor chilena Gina Pack, entre otros.
Me duele y me cuesta profundamente que no fui capaz de ayudarlos. Como comandante del cuerpo de bomberos voluntarios de la zona fronteriza de Gaza —que fundé al emigrar desde Chile a Israel, donde esa labor es remunerada—, ordené no salir de las casas por ningún motivo.
Aunque en la zona de Gaza siempre caen misiles y bombas, el 7 de octubre fue un evento sin precedentes. Se trató de un ataque de gran intensidad y crueldad, donde Hamas había estudiado todos los detalles sobre el lugar para causar el mayor daño posible e inhibirnos de responder. Además, los terroristas se quedaron varios días escondidos en Kissufim con la intención de matar a otros de sus residentes.
Las bajas de nuestro kibutz son parte de las 1.200 personas asesinadas —en su mayoría civiles— por el grupo terrorista. Se trata de hombres y mujeres de todas las edades y nacionalidades, que habitaban en otros kibutzim próximos a Gaza, o eran parte del público del festival de música Nova.
Tal como muestran los informes, un hombre murió por el impacto de una granada, otro fue decapitado, varios bebés fueron degollados y cientos de mujeres violadas de forma reiterada. Además, los terroristas se llevaron muchos cuerpos sin vida como moneda de cambio.
Desde mi kibutz, además, fue secuestrado Shlomo Manzur (86), que fue uno de los 240 secuestrados por Hamas y aún está en Gaza, junto a otros 128 israelíes. No volvió cuando liberaron a un grupo de cautivos. Pero quienes sí lo hicieron son los testigos y la voz de quienes están desaparecidos. En sus relatos se repiten las condiciones extremas y el maltrato al que estuvieron expuestos, las violaciones grupales y constantes que sufrieron las mujeres cautivas.
Mi hogar, que comparto con mi mujer Cecilia, oriundos de San Felipe, está enlutado por Loren, Iván, nuestros vecinos directos y de todo Israel, y por los 129 cautivos que aún permanecen en Gaza. El duelo ante la pérdida de mi hija me acompañará toda la vida, pero ese vacío, pena, dolor podrían verse aliviados, si regresan Shlomo y los otros israelíes que están secuestrados. No pierdo la esperanza de que ello ocurra: todos los días me levanto esperando que vuelvan antes de caer la noche.
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Pais: Chile
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Región: Metropolitana de Santiago
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Fecha: 2024-05-19
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Tipo: Prensa Escrita
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Página(s): A2
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Sección: Cartas y Opinión
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Centimetraje: 21x11
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